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Beneficios psicológicos de la práctica del Tai Chi Chuan.
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Abel Alamillo Gordo
Medicina, Psicología

Hace ya algunos años que la cultura oriental ha penetrado con fuerza en la sociedad occidental. Nos han llegado sus costumbres, su arte, su filosofía, sus modos de vida y de vestimenta, así como elementos más sutiles que tienen que ver con la influencia intercultural y la globalización.

Entre todo este maremagnun de influencias mezcladas con influencias que provienen de otros pueblos y lugares, nos vamos a dedicar en este artículo a analizar algo que de oriente nos ha llegado; las prácticas milenarias del Tai Chi y el Qi Qong, y concretamente vamos a centrarnos en la observación de los efectos psicológicos que dichas prácticas ejercen sobre la psique individual.

Para ello, partiremos del punto de vista de la psicología educativa, basándonos en los principios de modificación de condcuta y aprendizaje tan habituales en la psicología cognitiva conductal, planteando el Tai chi como un proceso de aprendizaje.


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INTRODUCCIÓN

Hace ya también algunos años que se vienen discutiendo los efectos terapéuticos de estas artes, siendo multitud los estudios que comprueban los efectos positivos de su ejercicio a nivel cardiovascular y respiratorio, siendo una consecuencia de la mejora en los sistemas anteriores, el funcionamiento optimizado de todo el organismo al hacerse más eficiente la respiración y nutrición celular, lo cual repercute en el estado de todos los órganos y tejidos del cuerpo, así como de las funciones de las que son responsables. Se ha hallado también un aumento de la flexibilidad y tonicidad de las articulaciones, tendones y musculatura, una corrección postural, y efectos sobre diversas estructuras del organismo a nivel físico y fisiológico, como la regulación hormonal, la regulación de glucosa en sangre, protección frente a la perdida de masa ósea, mejora del equilibrio y otros efectos que no nos corresponde a nosotros analizar ni evaluar, tan sólo señalar someramente para mostrar el marco de la actual concepción de estas artes en lo que se refiere a la medicina preventiva y en especial a la mejora de calidad de vida.

Como hemos señalado un poco más arriba, en este artículo, vamos a centrarnos en analizar las influencias psicológicas que dichas prácticas acarrean, entendiendo como influencias psicológicas, todo aquello que deriva en un bienestar o mejora del organismo a nivel bio-psico-social; es evidente que la parte biológica va a ser a la que menos atendamos nosotros, y más sin embargo a la parte referente a la psique individual, que incluirá aspectos de la emocionalidad del individuo, así como la parte referente a la relación del individuo con el entorno (social).

¿POR QUÉ LA PATOLOGÍA? Una historia del aprendizaje.

Hoy en día, son muchos los sociólogos que afirman que vivimos en una sociedad patológica, en la cual el estilo y ritmo de vida al que nos vemos sometidos, acaba transfiriéndonos su patología como estrés, ansiedad, depresión, falta de sueño, fatiga, falta de concentración, memoria, estilos de afrontamiento precipitados y por tanto inadecuados y agresivos, rigidez mental y falta de adaptabilidad al medio exigente y cambiante en el que nos movemos. Todas estas pequeñas patologías, son por todos conocidas, y lo que varía en ellas y por tanto en nosotros, es el grado en el que se presentan, siendo el grado y la conjunción de varias de ellas, las que va a determinar el malestar que en nosotros se produce y que puede derivar en patologías propiamente psicológicas y psiquiátricas que pueden devenir en un grave estado de disfuncionalidad y falta de adaptabilidad del organismo humano a su entorno y a su día a día.

Todas estas diversas patologías, son un compendio de respuestas que los organismos vivos, en este caso los seres humanos, aprendemos. Aunque resulte extraño, el estrés, la ansiedad, la depresión, así como todo lo señalado un poco más arriba, son estados aprendidos que dan respuesta a ciertos estímulos o situaciones. Respuestas que han sido aprendidas a lo largo de nuestras historias personales de aprendizaje. Dichas respuestas a menudo no son simplemente racionales, sino que pueden ser de una índole más fisiológica, como son los miedos donde puede ser un aprendizaje del sistema límbico el que desencadena una respuesta automática, y sin embargo, y a pesar de ello, aprendida. Hoy, estas respuestas pueden complicarnos nuestro día a día, hasta hacerlo realmente inabordable, sin embargo, hubo un momento en nuestra historia de aprendizaje, donde la asociación de dicha respuesta con la situación que vivíamos, nos proporcionaba algún tipo de ventaja o adaptabilidad, razón por la cual dicho respuesta fue adquirida e ingresada en nuestro repertorio conductual. Este aprendizaje se produce en todos los mismos niveles que pueden llegar ha definir a un organismo; un nivel más puramente fisiológico o físico, un nivel emocional, un nivel cognitivo y también un nivel relacional.

El problema por tanto no deviene propiamente de las conductas que emitimos, sino de la generalización y mantenimiento de ciertas respuestas que siendo adaptativas en cierto momento, ahora no se muestran como tal. Se muestran ahora como desadaptativas por su aparición ante situaciones en las que otro tipo de respuestas serían más útiles, o bien porque el mantenimiento prolongado de ciertas respuestas (por ejemplo la respuesta del estrés), acaba provocando un desequilibrio a un nivel fisiológico, somatizando un estado inadecuado del cuerpo y llegando en ciertas ocasiones a cronificarlo por una cuestión de deterioro de estructuras del sistema nervioso central.

Resumiendo y para poder comprender los efectos psicológicos del Tai Chi y el Qi Qong, debemos tener en cuenta lo anterior. Lo anterior no es sino la principal premisa de la psicología educativa y clínica (cognitivo-conductual) actual: cualquier conducta que emitimos es una conducta aprendida y que por tanto es susceptible de desaprenderse o modificarse. Ha esta premisa unimos otra premisa de igual importancia: para la desaparición de una conducta desadaptativa, lo más eficaz será el aprendizaje de una conducta alternativa (distinta a la problema) cuya emisión sea incompatible con la aparición y mantenimiento de la conducta problema. Es decir, para poder eliminar una conducta que existe, es necesario poner otra en su lugar, y si cabe, que dicha conducta sea incompatible con la que eliminamos. Así entenderemos porque ante situaciones de ansiedad y estrés, lo primero que en clínica se enseña son herramientas de relajación. Ante la emisión o aparición de la conducta de relajación, es imposible e incompatible la aparición de la conducta ansiosa. Si aparece una no puede aparecer la otra.

Es desde esta perspectiva de la psicología educativa y del aprendizaje desde donde vamos a analizar el proceso e influencia del aprendizaje del Tai Chi y el Qi Qong, observando que no es sólo el aprendizaje de un arte y unos movimientos, sino de un compendio de conductas y actitudes (de las que bien podríamos hablar como estilo de vida), incompatibles con las respuestas que acaban desadaptando y provocando malestar en el ser humano. Le dota además de respuestas alternativas que le permiten una mayor adaptación y adaptabilidad en nuestra exigente y cambiante sociedad; la eficacia de lo antiguo para la novedad del ahora.

APRENDIZAJE DEL TAI CHI; empezamos con la atención.

Como ya hemos señalado el ser humano posee lo que en psicología se denomina un triple nivel de respuesta: cognitivo, fisiológico-emocional y conductual (propiamente lo que se hace). Hay respuestas ante eventos exteriores en los tres niveles, aunque no sean observables por un observador externo. Ante algo que sucede, pensamos cosas (nivel cognitivo), se producen emociones y descargas hormonales (nivel fisiológico-emocional), y se hacen cosas (nivel conductual). Por tanto no todas las respuestas del repertorio de una persona son observables. Del mismo modo señalaremos que a pesar de producirse una separación de los tres niveles de respuesta, normalmente un estímulo lleva respuestas en los tres niveles, respuestas que van asociadas entre si y de los que sería muy difícil saber cual se dispara antes y cual se dispara después (es el viejo debate de si primero siento miedo y entonces pienso que estoy en peligro, o si primero pienso que estoy en peligro y a raíz de esos pensamientos siento miedo). Señalaremos también que en el nivel conductual, la no emisión de una respuesta, es decir, la parálisis, la pasividad, ignorar… son de por si también respuestas del organismo. Iremos viendo como el aprendizaje del Tai Chi y del Qi Qong produce nuevas respuestas en estos sistemas.

Respecto al aprendizaje, diremos de modo somero que existen dos tipos de aprendizaje, uno más explícito y consciente (que es sobre todo con el que vamos a trabajar en este artículo), y uno más automático e inconsciente, pero sin embargo también muy efectivo y necesario.

Al tratarse el Tai Chi y el Qi Qong de algo que una persona decide aprender, hay evidentemente y debido de partida a la acción volitiva del ser humano, un componente muy importante de ese aprendizaje explícito y consciente, produciéndose sin embargo de forma transversal el aprendizaje de nivel no consciente (cuando hablamos de inconsciente, nos referimos a aprendizaje a través de mecanismos automáticos del sistema nervioso, no al nivel del subconsciente freudiano).

El aprendizaje de todo arte, va a conllevar por tanto el manejo de la atención de la persona. Sin los procesos atencionales correctos, es muy difícil que se produzca un aprendizaje explícito, y al igual que pasa con otras aptitudes, la atención es algo que se potencia y se educa. Por tanto, el primer aspecto, es la necesidad del manejo de la atención para el aprendizaje de aquello que es novedoso. Debemos reseñar en este punto que hablamos de atención, no de concentración. Para entender la diferencia que hacemos entre atención y concentración, pensaremos en un ejemplo muy ilustrativo. Pensemos en un conductor novel, el conductor cuando empieza a conducir se concentra en los dos metros que tiene por delante del parabrisas, teniendo verdadera dificultad en mirar por los retrovisores y leer las señales de tráfico. Sin embargo el conductor experto va atento a la conducción, a la vez que va relajado, lo cual le permite observar simultáneamente retrovisores, coches, señales… Concentrarse implica cierto nivel de tensión física y emocional del esfuerzo que conlleva agarrar con la mente aquello sobre lo que nos concentramos, unido a menudo con el esfuerzo de eliminar de nuestro campo sensorial todo aquello que no tiene que ver con aquello sobre lo que nos concentramos. Focalizar la atención no conlleva dicho nivel de tensión, ni esfuerzo de eliminación de la sensibilidad de nuestro campo sensorial, lo cual en primer lugar nos permite estar en un estado de tranquilidad o de relajación que la concentración no permite. Insistimos; Atender lo entendemos como una focalización de nuestros sentidos hacia algo pero sin realizar el esfuerzo de eliminar el resto de nuestras percepciones.

Al iniciar el aprendizaje del Tai Chi, focalizamos la atención sobre estímulos que son dinámicos y cambiantes, por lo que dicha labor atencional se ve así facilitada, ya que es más difícil mantenerla sobre algo estático (nos distraemos), que no sobre algo que sea cambiante y que por tanto focalizar nuestra atención sobre ello, sobre lo que se llama un escenario cambiante, nos proporciona cierta sensación subjetiva de bienestar. Inicialmente por tanto la atención se focaliza por ejemplo sobre recorridos de movimientos y visualizaciones dinámicas. De partida esto es ya un entrenamiento de esa focalización atencional sobre percepciones sensoriales. Según vaya mejorando esta capacidad del alumno, se le van dando pautas para que vaya estableciendo la atención sobre estímulos aparentemente más estáticos y más sutiles, entendiendo aquí sutilidad como más difíciles de percibir debido a su inmovilidad, al reducido espacio que ocupa en el cuerpo humano, o a su inexistencia física en el cuerpo físico del practicante, por lo cual implica la focalización atencional de las percepciones sensoriales sobre un constructo que en apariencia es mental, aunque se localice fuera de la mente.

Insistimos por tanto dentro de este proceso de aprendizaje del Tai Chi en el primer aspecto importante: entrenamiento de la focalización de la atención desde estímulos más burdos a estímulos más sutiles.

Añadimos aquí otra premisa de la psicología educativa y del funcionamiento de la psique humana en lo que tiene que ver con los procesos atencionales referidos al aprendizaje así como al cambio de actitudes y esquemas previos: existe una saliencia de la información positiva frente a la negativa. Explicamos esto. A la hora de educar a niños y adolescentes, e incluso a adultos, es importante que toda la información que se de, vaya con una carga positiva; es decir, un cartel de tráfico no debería decir “No corra”, sino “Gracias por conducir despacio”. Esta carga positiva confiere a aquello que se quiere que se aprenda o que se quiere aprender una emocionalidad también positiva, que le confiere mayor valor, unida por tanto a una sensación subjetiva de bienestar, que le da mayor saliencia (mayor visibilidad) frente a información con carga emocional negativa (llamamos la atención sobre el hecho de que en este proceso entra en marcha un aspecto automático e inconsciente del aprendizaje) que en realidad pone en marcha mecanismos inconscientes de evitación y rechazo, llegando por tanto menos el mensaje.

Señalamos lo anterior, porque durante el entrenamiento de la focalización de la atención, la misma va percibiendo ciertas sensaciones positivas y agradables en el cuerpo y en el estado de la mente, que produce un doble efecto; por un lado actúan dichas sensaciones positivas como distractores sobre sensaciones (sean estas derivadas de conductas cognitivas, o emocionales) negativas o viciadas, con lo cual se van generando otro tipo de sensaciones, pensamientos y emociones positivos incompatibles con los negativos. Para entenderlo nuevamente, si estoy pensando en qué agradable es la sensación de calor en las manos, esto me distrae y es incompatible (la sensación asociada a dicho pensamiento) con alguna sensación negativa con la que haya entrado a la clase o incluso con alguna molestia del cuerpo y la sensación negativa asociada. Estas nuevas sensaciones, percepciones y pensamientos, van actuando además, sobre el autoconcepto de la persona (visión que la persona tiene de si misma), ya que al cambiar el foco de atención, se van percibiendo en el cuerpo y la mente no solo sensaciones, emociones y pensamientos negativos, sino también otros de una índole muy distinta y una carga emocional positiva, percibiendo el cuerpo como un dispensador también de sensaciones, emociones y pensamientos positivos, lo cual va modificando el autoconcepto del practicante hacia un autoconcepto con una mayor carga de constructor positivos que al valorarlos (autoestima), concluye con un refuerzo de la autoestima.

El segundo efecto que estas sensaciones y percepciones subjetivas de bienestar tiene, es que aquello que nos resulta agradable, es más fácil que se aprenda y se generalice a otras situaciones. Se aprende e instaura en nuestro repertorio por el refuerzo positivo (beneficio aunque sea en modo de sensación subjetiva de bienestar) que nos aporta, y debido a ser un aprendizaje explícito y consciente, se adquiere como herramienta y estrategia que luego podemos generalizar a otros ámbitos o situaciones al entrar a formar parte de nuestro repertorio conductual.

Este entrenamiento de la atención se desarrolla siempre focalizándola sobre estímulos presentes en el momento presente. Esto implica un nuevo aprendizaje en el cual focalizamos la atención sobre las circunstancias presentes, y no sobre las pasadas ni futuras. Si estoy centrado y pensando en el presente y el ahora, no estoy pensando en el ayer ni en el mañana, por tanto me libero durante este entrenamiento de la sensación de malestar derivada de los problemas que arrastro antes de entrar en la clase, y de la sensación ansiosa de todo lo que tengo que hacer o todo lo que tengo que afrontar cuando salga. Como vemos todo lo dicho respecto a aprendizajes alternativos e incompatibles aquí se desarrolla, y el bienestar que deriva de este aprendizaje se puede generalizar como herramienta para afrontar la ansiedad por las cuestiones del pasado y el futuro, mediante el aprendizaje (que en psicología clínica se desarrolla durante la terapia), de la focalización de la atención sobre las circunstancias presentes, que son las que nos dan las pautas para solucionar los diferentes conflictos a los que nos enfrentamos. Esto luego se traduce en la focalización de la atención sobre los aspectos importantes y concretos de las situaciones que vivimos, liberándolos de las cargas emocionales que les conferimos y que dificultan su resolución.

Pasamos ahora a explicar ciertos aspectos o matices importantes en el proceso del aprendizaje de focalización de la atención. Durante la práctica de Tai Chi y Qi Qong, se producen de modo natural distracciones, en los cuales nuestra atención se mueve del lugar dónde tenemos pautado que debe estar anclada, hacia otros lugares. Cuando esto sucede se da una pauta sencilla. Nos damos cuenta de que la atención ha empezado a derivar, y volvemos a llevarla a dónde deba estar, sin enfadarnos por ni con la distracción si se trata de algo que nos molesta, ni dejándonos llevar por ella si es una sensación o pensamiento que nos agrada.

Normalmente, en nuestra sociedad, se nos ha enseñado de tal modo que si mi atención tiene que estar en la respiración, y sin embargo se focaliza en lo que esta mañana me ha dicho mi jefe, considerare que estoy haciendo mal el ejercicio, y que por tanto estoy errando. Ante la percepción de dicho error en mi ejercicio, será además natural que me sienta mal por no estar haciéndolo correctamente, llámese este sentirse mal, como sentirse inútil, incapaz, culpable por no cumplir expectativas y cosas similares. Lejos de esto, en el entrenamiento y ejercicio que realizamos con la atención, partimos del hecho de que la atención se va a mover y no se va a mantener focalizada en lo que la pedimos. Por ello, cuando nos damos cuenta de que la atención se ha movido, lejos de ser un error, es un éxito ya que nos estamos dando cuenta de su movimiento y este es el primer paso para ser capaz con el tiempo de focalizarle con más efectividad. La generalización de este aprendizaje lleva a la desculpabilización de los errores. Se dejan de percibir los errores con la carga negativa de incapacidad, inutilidad y falta de competitividad con que nuestra sociedad y cultura nos adoctrina, para pasar a percibirlos como el primer paso de un aprendizaje consciente que nos permita no volver a cometer los mismos errores. El primer paso para el aprendizaje pasa por la percepción de aquello que queremos aprender o en muchas ocasiones cambiar, es decir, por la percepción del error para poder actuar sobre él. Sino se produce la percepción del error, es decir lo que los analistas llaman la comprensión del error, no se le puede poner solución. Como en nuestra sociedad se produce un castigo del error, en líneas generales se produce una evitación del error que a menudo no tiene que ver con la evitación real del error, sino con la evitación de la percepción de que se ha errado, y por tanto con la negación de haber errado, lo cual va a imposibilitar cualquier aprendizaje que este implicado en dicha conducta.

Volviendo a la percepción de que nuestra atención salta y se distrae de allí donde intentamos mantenerla, se produce entonces un efecto maravilloso que es la conjunción de dos fenómenos que van unidos; por un lado se produce el efecto señalado de saliencia y atención a sensaciones y percepciones positivas, y por otro lado, que descubrimos y aprendemos qué son las cosas con las que nos distraemos, ya que estos distractores habitualmente responden a esquemas y estructuras básicas de la constitución del pensamiento y de la personalidad a través de la ya señalada historia de aprendizaje. Estas estructuras, en el caso de las estructuras cognitivas, se denominan ideas o pensamientos irracionales, y en este caso son como grandes ideas irracionales que contextualizan todo nuestro modo de pensar y razonar ante todo tipo de situaciones, como pueden ser ideas del estilo “tengo que agradar a todo el mundo”, y que al estar en la base de las estructuras cognitivas y de la personalidad, median gran parte de los pensamientos y por tanto de las emociones de la persona, así como las conductas manifiestas y no manifiestas. Además son ideas que están en la base de nuestra cognición (esquemas básicos), por lo cual no solo median la interpretación y procesamiento de toda la información que llega a nuestro cerebro, sino que además se ponen en marcha de modo automático. Resumiendo, añadimos en este punto el tomar conciencia y conocimiento de aquellos pensamientos, sensaciones y emociones, que suelen distraernos y que siguen una pauta que responde a los esquemas básicos de nuestra personalidad.

Como hemos señalado, en la psicología clínica este tipo de esquemas están detrás del modo en el que la persona procesa la información y vive por tanto su realidad, siendo necesario en múltiples patologías su registro para luego ir generando modos alternativos de procesar e interpretar las situaciones que se vivencian. Existen lo que se llaman unos esquemas de conducta totalmente automatizados basados en estas ideas irracionales que desencadena toda una serie de pensamientos relacionados a los que se asocia rápidamente una sensación de malestar o bienestar.

Vamos sin embargo a dar un nuevo paso y añadir así un nuevo matiz. Durante la práctica del Tai Chi y del Qi Qong, como hemos dicho se trata de un entrenamiento el que desarrollamos con la atención, que lleva a que podamos seguir percibiendo las cosas que acontecen a nuestro alrededor, pero sin dejarnos llevar por ellas (cuando nos dejamos llevar por las distracciones, lo que hacemos es darles una carga cognitiva y emocional positiva o negativa, carga que normalmente va mediada por las ideas irracionales, y que por tanto se traduce en algo que me gusta o me disgusta. Como hemos dicho, lo que hacemos en la práctica del Tai Chi y Qi Qong, es darnos cuenta de que nos hemos distraído y sin darle esa carga emocional o cognitiva y por tanto esa importancia a la distracción, volvemos a situarla sobre el soporte que estemos trabajando), desarrollando así lo que siempre se ha definido como una actitud de ecuanimidad; poder ver las cosas sin necesidad de ponerle una interpretación personal basada en nuestra historia de aprendizaje que por tanto enrarece y vicia el estímulo que percibimos y nos distrae.

Resumiendo lo dicho hasta ahora, hemos visto como se produce un entrenamiento y aprendizaje del manejo y focalización de la atención desde estímulos más burdos a estímulos más sutiles, lo cual nos lleva durante este proceso a una percepción de los estímulos y cuestiones que nos distraen y que responde a esquemas básicos de pensamiento, conducta y personalidad, desarrollando ante estos distractores y esquemas una actitud de ecuanimidad (exención de añadirles carga emocional y cognitiva), que permite como ahora veremos la cosificación y desidentificación de la persona con el distractor que además habitualmente le genera algún tipo de malestar o evasión.

Los distractores más habituales son pensamientos y emociones, o bien asociaciones de ambos aunque se deriven los mismos de sonidos, ruidos, sensaciones y diversas percepciones. La cuestión es que se va observando cuales con los pensamientos problemáticos que se desencadena de manera automática, permitiendo la investigación sobre cual es la idea irracional que sustenta ese pensamiento, pudiendo tras su descubrimiento argumentarlo para cambiarlo. Se produce un efecto o proceso de atención sobre la atención, ya que finalmente nuestra atención esta observando dónde esta nuestra atención (meta-atención), que además nos da un nuevo tratamiento sobre pensamientos y emociones. Este es el tratamiento de los mismos desde una cierta distancia, observándolos con la ya señalada ecuanimidad, y por tanto, al parar la dotación de carga afectiva y cognitiva ya también señalada, se detenie la retroalimentación que se produce cuando un pensamiento negativo se asocia con otro pensamiento negativo y así hasta generar un estado de ánimo también negativo. La nueva pauta está en no identificarse con los pensamientos y emociones que surgen, observándolos como una simple manifestación de la energía (entendiendo esta como energía mental, es decir movimiento de la mente, energía emocional, entendida como movimiento de las emociones, energía física, entendida como movimiento del cuerpo). Se produce así un efecto de cosificación que desliga dichos pensamientos y emociones de la identidad de la persona, perdiendo la carga emocional de la que les dotamos y que les da fuerza, y perdiendo también la carga emocional añadida que les conferimos al identificarnos con ellos y por tanto incorporándolos a nuestra imagen de nosotros mismos (autoconcepto), imagen que evaluamos y nos hace sentirnos bien o mal en función de ese algo con que nos identificamos y que nos gusta o nos disgusta. (Si me identifico con el pensamiento “todo me sale mal”, al final el concepto de gafe o cenizo entra a formar parte de mi autoconcepto o imagen personal, y al evaluar mi imagen, me sentiré mal porque no creo que sea bueno ser un cenizo y no me gusta serlo).

Recordemos ahora algo que señalamos al principio de este artículo respecto a las premisas de la psicología del aprendizaje. Decíamos que para sustituir una conducta existente, era muy eficaz el aprendizaje de una conducta alternativa incompatible.

Hasta ahora hemos visto algo realmente importante que ya también hemos señalado en lo que al aprendizaje se refiere; el reconocimiento e identificación de la conducta problema, que tiene que ver con el reconocimiento de nuestros esquemas mentales. Lo que nos ocupará ahora será la identificación de la conducta que queremos instaurar en su lugar.

APRENDIZAJE DEL TAI CHI Y QI QONG: las pautas en el trabajo individual.

El Tai Chi, se basa evidentemente en toda una cosmología distinta a la occidental, y en concreto, en la filosofía taoista. Dentro de esta, encontramos que todas las cosas son manifestaciones de una misma energía. Más arriba hemos hablado de la energía mental como movimiento de la mente, energía emocional como movimiento de las emociones, energía física como movimiento del cuerpo. Es decir, todo se reduce a manifestaciones de la energía en forma de pensamientos, emociones, sentimientos, movimientos musculares, sonidos, luz, calor, y cualquier otra manifestación que podamos pensar. Nos basta con quedarnos con esa idea; todo lo que percibimos es simplemente manifestación de energía, energía entendida como algo ni bueno ni malo, sin carga emocional, sino algo simplemente que tiene la potencialidad de generar movimiento en cualquiera de los planos que constituye a cualquier ser.

El Tai Chi es un arte que busca el aprendizaje de una serie de técnicas y movimientos en apariencia puramente físicos (como hemos visto, aunque son físicos, todo aprendizaje conlleva un contenido cognitivo que va mediado por un contenido emocional). Para el aprendizaje de dichos movimientos, y sobre todo para la correcta ejecución de los mismos, establece una serie de pautas. Uno de los pequeños milagros de este sistema es que si para el movimiento del cuerpo aplico estas pautas, como el movimiento de la mente y las emociones no deja de ser una manifestación distinta de la misma energía que mueve el cuerpo, son estas pautas también aplicables a la mente y las emociones. Se trata por tanto de un sistema que permite generalizar los aprendizajes desarrollados en un nivel concreto de la fenomenología del ser humano a los otros niveles de su campo fenomenológico a pesar de la mayor abstracción de estos niveles. Veamos cuales son esas pautas puramente físicas que van estableciendo nuevos esquemas básicos de pensamiento y más tarde de personalidad, manifestándose como esquemas de conducta alternativos e incompatibles con los ya adquiridos en nuestra historia de aprendizaje y que nos dan problemas.

Lo primero que se enseña es a mantener una estructura natural y ergonómica del cuerpo, en la cual el peso y las tensiones o fuerzas que se ejercen sobre la estructura corporal, incluso las derivadas de la propia fuerza de la gravedad, descansen o se apoyen sobre las estructuras que en la naturaleza han evolucionado para ese fin. Es decir, se busca la ergonomía, de forma que la proyección de las fuerzas y tensiones del cuerpo descansen sobre los huesos, derivándose a la vez en líneas de fuerza que acaban en el suelo a través de las estructuras corporales ya señaladas, sin forzar las articulaciones ni zonas musculares como las lumbares o la espalda. Se busca con esto desarrollar y mantener en todo momento una estructura corporal firme (fuerte, capaz de soportar tensiones y esfuerzos sin necesidad del uso de la musculatura, simplemente mediante la derivación de las presiones y tensiones sobre el cuerpo a través de los huesos y conjuntos musculares de tal modo que sea la propia presión sobre el suelo la que soporte dichas tensiones y a través de donde se dispersen y liberen), recta y estable (con equilibrio y equilibrada; una estructura que pueda derivar las tensiones y darles salida por su conexión a la tierra, debe estar en equilibrio físico). Al desarrollar esta postura, se consigue un segundo efecto que se trabaja también conscientemente; si naturalizamos las estructuras corporales del cuerpo, de tal modo que cada zona o región se encarga de aquello para lo que ha sido seleccionada a lo largo de la evolución (aguantar el peso de cierta parte del cuerpo por ejemplo), nos permite liberar a las demás partes del cuerpo que no debieran estar inmersas en dichas funciones de esfuerzos innecesarios y que acaban dañándoles. Esto se traduce en que a la vez que desarrollamos una estructura fuerte y estable, la musculatura del cuerpo se mantiene relajada ya que no debe soportar las tensiones derivadas de nuestro propio peso. Conseguimos así desarrollar una estructura corporal físicamente fuerte pero que se mantiene muy relajada y equilibrada. Hay un trabajo que se realiza en estas prácticas que trabaja exclusivamente el mantener la estructura del cuerpo a la vez que se relaja el mismo sintiendo el peso del cuerpo y la densidad derivada de dicha sensación. Así, a nivel psicológico y mental vemos que se desarrollan y dotan de una serie de estrategias de relajación, que en este arte se denomina relajación consciente, debido a que no es una relajación que lleva al sopor y al sueño, sino a una relajación inicialmente a nivel puramente físico, que sin embargo va acompañado de una claridad mental, de una sensación de estar muy despierto, ya que la atención de la mente esta focalizada en mantener el cuerpo con una estructura ergonómica y firme a la vez que busca esa sensación de relajación. Esta relajación física produce una sensación subjetiva de bienestar que se intensifica ya que la mente esta muy atenta a la misma. La mente esta como vimos en toda la exposición respecto a la atención ocupada en las sensaciones del momento presente, lo cual es incompatible con estados desagradables que vienen de momentos previos o futuros a la práctica, por lo cual al estar distraída en algo agradable e incompatible, y al estar percibiendo la relajación del cuerpo, entra también en un estado de relajación que tiene mucho que ver con la calma mental, es decir, la atención de la mente se aquieta en su soporte, en el cuerpo, dejando de vagar de aquí para allá y dejando de identificarse con pensamientos y emociones negativas que se retroalimetan y nos dañan. La mente entra en un estado por tanto similar al del cuerpo, en el cual está muy relajada, aquietada, pero alerta y despierta. En la práctica de Tai Chi y Qi Qong se dice que dicha práctica lleva a la mente a su estado natural, sin apego y sin rechazo, es decir, a un estado en el que la mente es capaz de observar desde la ya citada ecuanimidad, de un modo relajado que deviene de ser capaz de no dotar a aquello que percibe de una carga emocional que nos hace identificarnos con ello (apegarnos a ello), o rechazarlo mediante una identificación negativa.

Encontramos nuevamente dos efectos derivados de lo anterior. El primero es que en un nivel físico y concreto realizamos un aprendizaje experiencial que nos permite comprender la importancia que tiene que cada estructura del cuerpo físico responda ante los estresantes y tensiones para los cuales ha evolucionado, liberando al resto del sistema de esas cargas que además acaban provocándoles daño. Además este aprendizaje se instaura por el beneficio físico que nos reporta y el refuerzo positivo que las sensaciones que vamos vivenciando nos aporta.

Estos excesos que en este caso concreto tienen que ver con malos hábitos posturales y de movimiento, tienen una correlación y paralelismo en el nivel fisiológico-emocional, en el cognitivo, y también el nivel puro de la conducta manifiesta. Recordamos que ya habíamos señalado como el trabajo con la atención nos hace ir descubriendo los hábitos mentales, emociónales y conductuales que habíamos llamado estructuras básicas de pensamiento y personalidad. Por tanto lo mismo que tenemos malos hábitos posturales, tenemos malos hábitos en los demás niveles que vimos como distorsionaban nuestra percepción de la realidad exterior e interior. A nivel emocional y cognitivo nos cargamos debido a esas estructuras o hábitos con responsabilidades, obligaciones y culpas que no nos corresponden, o lo hacemos de tal modo que cargamos con dichos estímulos abstractos estructuras fisiológicas o cognitivas que no les corresponden. Normalmente, toda tensión o esfuerzo que nos provoque malestar (a nivel físico, emocional o cognitivo), nos está poniendo sobre el aviso de que se está produciendo el mal uso de una estructura para una labor que no le corresponde, o bien que se la está aportando mucha más tensión de la que es natural que soporte. Esto, unido al trabajo sobre la atención, nos da la pista en los distintos niveles de que algo se está haciendo mal y más que desarrollar una actitud derrotista, al igual que hacíamos con el trabajo sobre la atención, con la cual era positivo darse cuenta de cómo está se movía de dónde la focalizábamos, deberíamos alegrarnos porque esa pista es el primer paso para poner en marcha estrategias de liberación de las estructuras inmersas en dicho sobre-esfuerzo que puede acabar conllevando una patología de algún tipo. (Es lo que ya habíamos señalado como importancia en el aprendizaje de la percepción del error para poder poner en marcha un aprendizaje que evite ese error, y no la evitación de la percepción del error; recordamos que en psicología educativa se dice que el castigo de por si mismo, no enseña a evitar la conducta que se castiga, sino a evitar el castigo, por lo cual la conducta no aparece, pero no se desaprende). La pregunta ahora es ¿qué estrategias que hemos de poner en marcha para liberar esas estructuras cognitivas y emocionales?; salvando las distancias, ya hemos señalado también que el tratamiento y pautas que se hacen en el Tai Chi y Qi Qong sobre las manifestaciones energéticas que surgen en modo de movimiento, son las mismas pautas que se dan sobre las manifestaciones que surgen como emociones y pensamientos. Debido al funcionamiento que dichas pautas tienen sobre el nivel físico, y el correlato psicológico de actitud mental relajada pero despierta que conllevan, dichas pautas se generalizan poco a poco en los otros niveles, de modo que al percibir una tensión (fácilmente identificable por el malestar que produce), en lugar de insistir simplemente en que la estructura cognitiva o emocional que lo soporta aumente su esfuerzo (lo cual acaba dañándola), se busca darle salida y dispersar esa tensión desde la relajación que libera esas tensiones, mientras que en lugar de evadirse de dicha situación de tensión, la focalización de la atención se establece sobre los aspectos actuales de dicha tensión o problema y no sobre la carga emocional de la que les hemos dotado y que hace que nos identifiquemos positiva o negativamente con ellos poniendo en marcha todo el sistema de pensamientos automáticos e ideas irracionales. Dicha focalización nos permite poner en marcha lo que en psicología clínica se denominan estrategias de resolución de problemas, basadas en el problema y no en la interpretación distorsionada del problema, distorsión sobrecargada de aspectos emocionales que suele generar bloqueos emocionales que derivan en los problemas ya señalados.

De partida estas son las dos nuevas aproximaciones, la relajación y la observación ecuánime de la tensión y de las causas que generan esa tensión. Esta observación si permite poner posteriormente en marcha estrategias de resolución conscientes y deliberadas, evitando las automáticas que nos dan problemas (incluyendo los bloqueos que vivimos ante estas situaciones) y solventándose en parte la situación por una actitud más reflexiva, pero desde la relajación y apertura mental que permite la entrada a nuevas soluciones. Algunas de estas soluciones pasaran por ciertas estrategias que el Tai Chi y el Qi Qong sigue enseñándonos y que ahora pasamos a seguir viendo.

Llamamos la atención sobre el hecho de que al desarrollarse una actitud física y mental de relajación despierta o alerta, constituye de por si un modo altamente adaptativo de enfrentarse a nuestro día a día ya que nos permite estar operativos e incluso si queremos podemos decir competitivos, trabajando de un modo muy despierto y atento pero sin tensión ni física ni mental, que nos permite evitar los conocidos fenómenos de la ansiedad y la depresión, así como otros fenómenos que luego pueden derivar de ellas.

Veamos otras pautas generales que se van aprendiendo durante la práctica del Tai Chi y de las que se derivarán estrategias de afrontamiento complementarias.

A través de ciertos trabajos articulares, se busca no sólo la ergonomía de la postura sino la eficiencia y economía del movimiento. Los movimientos están pensados a un nivel puramente físico para desarrollarse siguiendo la circularidad y en especial el recorrido o movimiento en espiral. Es conocido la famosa serie matemática de Fibonnacci que describe matemáticamente una espiral. Esta espiral y esta serie matemática aparecen en la naturaleza en la distribución de las pipas de girasol en la flor, en el desarrollo y movimiento de los huracanes, en algunas galaxias en espiral, en las conchas de ciertos animales como los extintos trilobites, en el crecimiento de las hojas a lo largo del tallo en ciertas plantas, e incluso la espiral que conforma el ADN. Es pues una forma geométrica óptima que determina el crecimiento y evolución de multitud de fenómenos naturales. Uno de estos fenómenos naturales que determina, es el movimiento ergonómico y el movimiento que además es capaz de ejercer máxima presión con mínimo esfuerzo (para entendernos como una palanca; pensemos en el desarrollo de un tornillo). Esto es lo que en economía llamaríamos la ley Mínimax, mínimo esfuerzo, máximo rendimiento, y es otra cuestión que experiencialmente se aprende con la práctica del Tai Chi.

Es evidente que la ley mínimax, es una ley deseable en todos los niveles y aspectos de nuestro ser, y de hecho los hábitos a todos los niveles son una estrategia del cerebro y del cuerpo para economizar recursos. El problema está en cuando dichos hábitos no están bien desarrollados o se han desarrollado en situaciones en la historia de la persona hoy obsoleta, no tienen el efecto que deberían tener.

Pone este aprendizaje en evidencia como a menudo nuestros movimientos mentales y emocionales son circulares y cíclicos, sin evolucionar ni llegar a ninguna parte, o como dichos movimientos cambian radicalmente de dirección con ángulos rectos en lugar de con sutiles curvas que evitan que nos salgamos del recorrido. El practicante de Tai Chi se hace consciente de lo limitado que es la energía física, mental y emocional, y es consciente del desgaste y cansancio que le produce su mal uso, luego va aprendiendo a gestionar su energía de un modo más eficaz, desde el mismo marco contextual que antes hemos señalado, la relajación alerta y la observación y atención sobre los propios procesos.

De modo genérico y partiendo de lo que ya hemos señalado como una postura ergonómica, toda la práctica de Tai Chi, esta enmarcada por las siguientes pautas en el movimiento: movimientos lentos y armoniosos, fluidos y redondos (espirales), que se desarrollen con continuidad y sin ruptura, con una naturalización de la respiración. Estos movimientos tienen que desarrollarse siempre con lo que se llama enraizamiento, es decir, el contacto con la tierra, que va a ser el que nos de la base para mantener un adecuado equilibrio no sólo estático, sino dinámico, mediante la proyección de nuestro centro de gravedad sobre la superficie de la tierra, y el origen de nuestro movimiento desde ese mismo centro alrededor del cual girará y partirár (en espiral) cualquier otro movimiento que desarrollemos. Al estar ese centro gravitatorio del cuerpo proyectado sobre el plano horizontal que representa la superficie del suelo, la proyección de todo movimiento surgirá desde dicho enraizamiento, suelo y centro, por lo tanto será equilibrado y manteniendo el equilibrio del cuerpo. A su vez, los movimientos se desarrollarán desde su nacimiento hasta su finalización sin tensión, sino más bien a través de una presión (como si de un globo se tratara) que proviene de la presión primaria de la planta de los pies contra el suelo como rebote de la fuerza de gravedad en lo que en física denominaríamos la fuerza Normal (reacción del suelo frente a la fuerza de la gravedad). Esto se entiende si pensamos en lo que ya dijimos de establecer una estructura corporal tal que las presiones o tensiones sobre cualquier parte del cuerpo, fueran dispersadas a través de los huesos y de los conjuntos de músculos hacia el suelo, por lo que el suelo, ejerce la presión contraria correspondiente desde la planta de los pies, hasta el punto que recibe la presión manteniendo pues la estructura cargada o llena con cierta densidad o presión, que no fuerza muscular (cuyo origen está en la musculatura), sino reacción frente a la fuerza de la gravedad o a presiones externas. Ejecutado así el movimiento, llegará a su máximo desarrollo, para como un muelle, recogerse (desde la circularidad), adquiririendo en dicha contracción, energía potencial que luego expresará en un nuevo movimiento expansivo a desarrollar. Esto explica que el final de un movimiento implica a su vez el inicio del siguiente, sin existir entre ellos una ruptura, manteniéndose pues la continuidad y fluidez de toda la forma, lo que automáticamente la dota de una sensación externa e interna de armonía, estabilidad y fluidez.

Lo anterior es de manera genérica las pautas que se desarrollan durante el aprendizaje del Tai Chi y que generan en el practicante una sensación subjetiva de armonía, estabilidad, fluidez y por tanto un bienestar subjetivo, físico, psicológico y emocional. Como ya hemos dicho repetidas ocasiones, las mismas pautas que aplicamos al movimiento físico podemos y en realidad debemos aplicar a cualquier tipo de movimiento, sea este cognitivo o emocional.

Sería muy amplio tratar de traducir todos estos conceptos a un nivel psicológico. Vamos sin embargo a realizar el dibujo de dicho paisaje (que no a andarlo debido a la complejidad que ello nos exige).

Movernos desde el enraizamiento y el centro es una pauta que al aplicarla al movimiento mental y emocional, implica buscar ese algo que nos confiera estabilidad alrededor de la cual movernos. Para algunas personas ese anclaje son ciertos valores o principios, o quizás ciertas personas, pero es importante localizarlo para movernos desde ahí. La primero que nos pone en marcha este aprendizaje es en la necesidad personal y subjetiva de encontrar ese anclaje que como diría la rama de psiquiatría existencial o logoterapia de Victor Frankl, dote de sentido nuestra existencia, no desde la pregunta a la vida por su sentido, sino desde la respuesta que cada ser individual da a la vida cuando esta le pregunta ante cada decisión, siendo cada conducta manifiesta (sea esta cognitiva, emocional o conductual), la respuesta responsable que el individuo le da a la vida y que determina su sentido. Una vez vislumbrado dicho sentido, este nos proporciona un punto de anclaje fundamental que nos confiere seguridad para atrevernos a desarrollar los movimientos. (Insistimos en los siguientes términos que estamos hablando: búsqueda de nuestro centro y equilibrio, dotando a nuestra existencia de un sentido que nos confiera seguridad para nuestros movimientos físicos, emocionales y mentales). Lo anterior es de suma importancia ya que igual que en un nivel físico, el movimiento enraizado y desde el centro da una estabilidad que previene las caídas, con la consiguiente perdida de miedo a movernos, el anclaje a nivel cognitivo o emocional sobre ciertos valores que consideremos básicos, nos da esa seguridad necesaria para movernos sin miedo, o lo que es más importante, siendo suficientemente responsables (volvemos a remitirnos a Frankl) como para asumir con entereza las consecuencias que devienen de nuestras decisiones y acciones.

Lo anterior sería en un nivel profundo del aprendizaje y desarrollo, en un nivel más superficial, hablamos de dotar de estabilidad a los procesos cognitivos y emocionales de la persona, no desde el automaticidad de los mismos, sino desde la observación relajada de los mismos que conlleva refinarlos haciéndolos más eficientes y estables, modificándose, actualizándose y matizándose por tanto los esquemas básicos de pensamiento y personalidad, lo cual se traduce en una conducta más estable, mostrándonos menos cambiantes en nuestro modo de pensar y de sentirnos, variando nuestros estados emocionales y cognitivos menos ante las influencias externas; esto no significa rigidez, sino menos maleabiliad cognitiva y emocional y mayor coherencia con nosotros mismos, pasando a depender menos de lo que los demás digan y hagan.

Ese movimiento que ahora nos atrevemos a realizar, se debe desarrollar utilizando para ello las estructuras adecuadas y no otras, surgiendo además desde nuestro centro o anclaje, y desarrollándose de un modo relajado. Significa esto que no se desarrolla con premura, prisa o ansiedad, sino al ritmo adecuado para su desarrollo óptimo, dotándonos la práctica de la paciencia y capacidad de espera o demora de la recompensa (también podemos hablar de tolerancia a la frustración) derivada de toda acción, respetando el ritmo necesario para cada proceso mental, emocional o físico en el que nos encontremos inmersos.

En lo anterior se añaden pues las pautas de lentos y armoniosos (respetando los tempos de los procesos y los espacios necesarios para ellos), así como la idea de fluidez y continuidad, que no significa sino el ir dotando a nuestra emocionalidad y funcionamiento cognitivo de una espiralidad (evitando la circularidad que implica bucles mentales y emocionales de los que no comos capaces de salir y que en casos extremos se manifiestan como trastornos obsesivos compulsivos) que implique la evolución emocional y cognitiva de nuestros pensamientos, emociones y sentimientos hacia algún lugar, objetivo o meta, aunque dicho lugar, objetivo o meta no sea puramente instrumental, material o concreto, mostrándose por tanto nuestras manifestaciones cognitivas y emocionales, frescas, originales y llenas de vitalidad, evitandose la repetición continua de las mismas que nos aboca a la desidia y el aburrimiento, a la vez que se muestran de un modo vivaz pero suave (armonioso), es decir, no se producen tormentas de ideas o emociones que interfieren locamente unas con otras de tal modo que no nos da tiempo ni a apreciarlas, sino que van surgiendo respetando el tempo y espacio de emociones y pensamientos previos, como agua cristalina que va siguiendo su curso en el río sin desbordarlo.

Vemos a nivel psicológico y emocional lo que significan pautas como enraizamiento, centro, movimiento en espiral, relajado y sin tensión, lento, armonioso, fluido y continuo.

La insistencia en la no ruptura del movimiento, o de la manifestación del movimiento, a nivel mental y emocional tiene que ver con la no ruptura de la emoción o pensamiento que surge. Esto tiene que ver con lo que ya hemos hablado de la actitud de ecuanimidad que la práctica desarrolla. Al verme inundado por un pensamiento o emoción (inundación que la práctica de por si me enseña a evitar permitiendo a cada pensamiento y emoción su tiempo y espacio necesarios), suele producirse el proceso que ya señalamos de dotar de carga emocional positiva o negativa al sentimiento o pensamiento, de tal modo que si se trata de una carga negativa, trato de rechazar y negar dicho pensamiento y emoción, provocando una ruptura con él que genera un conflicto a un nivel cognitivo y emocional. Del mismo modo, al dotarle de una carga positiva, me apego e identifico a él con tanta fuerza que puedo aumentar las cogniciones y emocionalidad que a él van asociadas, viéndome desbordado por tales cogniciones y sensaciones (casi como si de una obsesión se tratara), y siendo por tanto todas las demás cogniciones y emociones las que sufren un bloqueo y ruptura al no quedar espacio ni energía cognitiva ni emocional para ellas.

En lo que se refiere a la expresión y manifestación de pensamientos y emociones, es evidente que siguen la misma física que cualquier fenómeno que se da en la naturaleza, o incluso en ciencias como la economía. Todo sufre una expansión que alcanza su máximo desarrollo o máxima expresión, tras la cual pierde fuerza produciéndose una contracción tras la cual volverá a producirse una expansión del mismo fenómeno o de otro parecido (tiene que ver con la acumulación de energía potencial, la expresión de la misma, y volver a acumular dicha energía potencial). Significa esto algo muy importante a la hora de poder darles a pensamientos y cogniciones sus tempos y espacios adecuados. Cualquier pensamiento y emoción va a crecer hasta llegar a una manifestación máxima tras la cual decrecerá para dar paso a otra cosa. La energía mental, cognitiva y emocional, al igual que la física, así como los recursos mentales y emocionales, son limitados, por lo que es una ley de necesario cumplimiento que al dotar de gran cantidad de recursos o energías a una idea o sentimiento, se la estamos quitando a las demás. Desde aquí, es fácil comprender y por tanto llegar a la aceptación que las ideas y emociones que nos disgustan tienen una evolución y desarrollo que si somos capaces de respetar, permitirán su expansión y contracción y desaparición de un modo más rápido que si nos enganchamos y por tanto ponemos en y sobre ellos de modo deliberado todos los recursos y energías cognitivas de que disponemos. Del mismo modo se comprende que hay que cerrar ciertas cuestiones sean emociones despiertas, hasta proyectos laborales antes de poder centrar nuestras energías y recursos en otras nuevas. En las formas de Tai Chi se dice que hay que dejar que cada movimiento se exprese y llegue a su máxima expansión antes de llegar a la contracción que de paso al siguiente movimiento, lo cual lo dota de esa sensación de armonía, fluidez y belleza que debemos ir aplicando a nuestros procesos mentales y emocionales.

Es evidente que esta pauta es idónea para cualquier cuestión o empresa sea de índole emocional o cognitiva que queramos emprender o en la cual estemos inmersos ya, puesto que la contextualiza en un proceso natural, controlado y dirigido con sutileza que permite desarrollarla con claridad, conciencia y lo que en psicología denominaríamos desarrollo de un modo explícito y siguiendo una planificación y puesta en marcha desde las potencialidades y recursos de que disponemos para ello.

Para terminar en lo que se refiere a las pautas individuales de aprendizaje, sólo haremos una breve referencia a aquello que no es tanto una pauta, sino algo que se deriva de las pautas que se ponen en marcha. La eficiencia del movimiento.

Si a un nivel psicológico y emocional conseguimos anclar nuestras acciones desde una estabilidad derivada de la optimización y afianzamiento de nuestros esquemas básicos de pensamiento y personalidad, que nos doten de una seguridad y equilibrio en la acción, así como desde el anclaje de dichos esquemas entorno a valores o cuestiones de importancia prioritaria para nosotros que doten de un sentido a nuestras acciones, liberándonos por tanto desde esa estabilidad y sentido de los miedos que nos encadenan, o por lo menos siendo capaces de aceptar con responsabilidad las consecuencias derivadas de nuestras acciones, aumentando la coherencia con nosotros mismos y disminuyendo nuestra maleabilidad. Si somos capaces de dotar a nuestras cogniciones y emociones de una movilidad que las saque de su circularidad y movimiento obsesivo, haciéndolas expansivas y creativas, evitando el aburrimiento y la desidia, dirigiéndose hacia metas y objetivos claros y definidos pero no necesariamente concretos, pero si coherentes con nuestros esquemas básicos de personalidad y pensamiento, así como con nuestros anclajes en lo que a valores se refiere. Si además les dotamos de una suavidad, lentitud y fluidez que otorgue a nuestros procesos cognitivos del espacio y tiempo necesario para su expansión y desarrollo, así como de su contracción y desaparición, respetando por tanto desde la ecuanimidad tanto aquellos procesos que son de nuestro gusto como aquellos que nos disgustan, pero pudiendo desde esa relajación darles el espacio necesario para que no nos desborden y provoquen en nuestros procesos una ruptura o bloqueo de algún tipo, ¿no es evidente que nuestras mentes y corazones se mantendrían mucho más sanos de lo que están? ¿Qué podemos considerar como eficiencia más que la sensación subjetiva de bienestar bio-psico-social? Pues además de esa sensación subjetiva de bienestar, es evidente que el manejo de nuestros procesos de este modo nos dota de una adaptabilidad muy grande ante la exigente y cambiante sociedad en la que nos vemos inmersos, desde la optimización y manejo adecuado de nuestros recursos cognitivos, físicos y emocionales.



APRENDIZAJE DEL TAI CHI Y QI QONG. Las pautas para el trabajo en parejas.

El Tai Chi no es sólo un arte de trabajo individual, sino que es un arte marcial completo, aunque en nuestra sociedad, la parte más marcial no se ha afianzado con la misma fuerza que las otras herramientas que este arte ofrece, debido a la saliencia evidente en el ámbito salutogénico que los otros aspectos del Tai Chi ofrecen.

A medio camino entre las formas individuales y la práctica marcial, se encuentran una serie de ejercicios en parejas denominados Toi Shou o empuje de manos o manos pegajosas, en los cuales se busca aumentar aún más si cabe la sensibilidad y capacidad de focalización de la atención, llevando y ampliando el foco de la misma desde nuestro cuerpo, al cuerpo del otro, buscando unificar el movimiento de ambos cuerpos, haciendo nuestro movimiento uno con el cuerpo del otro, de modo que se sigan aplicando las mismas pautas que hemos señalado más arriba, y en especial que dichas pautas se puedan aplicar sobre las fuerzas o potencias que aplicamos sobre nuestro oponente y que nuestro oponente aplica sobre nosotros (que dichas fuerzas surjan al igual que el movimiento del centro, de la conexión con la tierra a través de la fuerza normal, que surjan en un movimiento en espiral, con fluidez y continuidad, y todo lo ya señalado antes). La clave está en que al pasar dicha fuerza al cuerpo del otro practicante deben mantenerse las mismas pautas, es decir mantener esa continuidad (que se dispersará hacia la tierra), esa espiralidad, esa relajación, esa no ruptura de la fuerza.

Para poder aplicar todas estas pautas sobre algo que ya no surge de nuestro interior, sino que puede venir del exterior, hemos de añadir una serie de pautas más, o principios de trabajo. Los señalaremos primero, para ver luego qué nos aportan estos principios de trabajo más allá del marco puramente del movimiento físico llevando dichas pautas al plano psicológico y emocional.

Explicamos primero que las primeras pautas que ya hemos visto, tienen que ver con la relación con nosotros mismos, y con el manejo que hacemos de nuestros propios procesos, así como del manejo de dichos procesos cuando surgen como reacción de algún acontecimiento exterior, pero surgiendo siempre una respuesta en nosotros. En esta ocasión, vamos a hablar de pautas que resultan en estrategias de manejo de procesos o situaciones externas, es decir que tienen que ver directamente con estrategias en la relación con el entorno.

Algunas de estas pautas se basan en las pautas precedentes, como la pauta de pivotar sobre un eje, un eje que pasa por el centro de gravedad del cuerpo y se extiende vertical al suelo, de tal modo que toda reacción al ejercer otro cuerpo una presión sobre el nuestro se manifiesta como un movimiento en espiral alrededor de dicho centro y que como se manifiesta en espiral se mueve hacia arriba o hacia abajo a través de dicho eje. En este mismo sentido hablamos del enraizamiento necesario para que el desarrollo de nuestras reacciones sean equilibradas desde dicho centro. Unimos la pauta que denominamos escucha, que en realidad es una focalización de la atención (pauta de la que hemos hablado ya largo y tendido) sobre el movimiento del otro cuerpo, no mediante la focalización de la atención en las percepciones visuales sobre el movimiento del otro, sino en la focalización de los movimientos del otro a través de modo simultáneo de todos nuestros sentidos, en especial de las presiones en la piel, del equilibrio y sobre todo de la información que nos dan los receptores propioceptivos de nuestro cuerpo sobre la posición de nuestro cuerpo en todo momento.

Señalamos por fin las pautas nuevas; la pauta de adaptabilidad, siguiendo otras dos pautas, absorber el movimiento del otro cediendo, para después envolver su movimiento.

En la práctica del Tai Chi, para poder seguir y no interrumpir la fuerza o presión que el otro cuerpo realiza, en lugar de oponernos a ella, cedemos a ella, absorbiéndola con nuestro movimiento. Al notar a través de nuestros receptores propioceptivos dicha presión, vamos retirándonos como si de una sombra se tratara, no ofreciendo resistencia en ningún momento y dejando que el movimiento del otro llegue a su máxima expansión, momento en que la fuerza o presión que lo acompaña y desarrolla comenzará a decrecer. Al absorber dicho movimiento que se desarrolla, buscamos que dicho movimiento penetre en la proyección de nuestro centro de gravedad de tal modo que buscamos llevar o arrastrar el centro de gravedad del otro hacia el nuestro para desestabilizarlo o desequilibrarle. Queda así su centro de gravedad envuelto por el nuestro, con la consecuente dominancia que esto supone en un trabajo marcial. La otra opción es en la expansión de su movimiento, expulsarlo por fuera de nuestro centro de gravedad acompañando su expansión, pero derivándola fuera de la proyección de su centro y del nuestro, de tal modo que se desequilibre, aprovechando nosotros para envolver su centro de gravedad desde el exterior. Hablamos por tanto siempre de absorber y envolver, lo cual nos da adaptabilidad a las situaciones y presiones a las que nos vemos sometidos (siempre que absorbamos y envolvamos desde los principios señalados en el punto anterior).

Estos principios nos dan especial flexibilidad, ya que ante cualquier presión que sufra el cuerpo, este siempre gira sobre su centro manteniendo su centro y su proyección, dejando pasar la presión por el exterior de nuestra estructura o dispersándola hacia la tierra, a la vez que acompañamos su desarrollo hasta incluso ampliarlo por encima de su desarrollo máximo, lo cual hace que el movimiento para el otro se desborde haciéndole perder su centro y equilibrio que nosotros robamos y envolvemos. Ante cualquier presión que surge, en lugar de aparecer rigidez, rigidez que una potencia suficiente puede romper, se cede y se absorbe para envolver y sacar. Esta es la flexibilidad y adaptabilidad de la que hablamos.

¿Cómo se traduce esto a un nivel puramente psicológico? Tanto en la emocionalidad como en lo cognitivo, se busca desarrollar esa adaptabilidad y flexibilidad, mediada por todas las pautas ya señaladas y por la relajación y atención en especial a la vez que mantenemos nuestra estructura. Ante una presión externa sea cognitiva o emocional, ya sea una exigencia emocional por una situación nueva o una situación cognitiva, lo primero que hacemos es ceder, dejando que dicha situación penetre en nosotros. La intención es poder observarla y atenderla adecuadamente, es decir analizarla no desde la tensión o el rechazo del miedo (rigidez), o desde el obcecamiento del placer o el gusto (maleabilidad y falta de criterio), sino desde esa cierta ecuanimidad dejarla entrar en nuestro campo perceptivo, mental y emocional para poder atenderla y desde esa focalización de la atención ser capaz de comprender todos los aspectos de la nueva situación para envolverla, es decir, para darle una reacción en todos los niveles que a la vez sea como hemos señalado fluida, viva, original, relajada, armoniosa… Se trata de una estrategia que nos da adaptabilidad mental frente a la rigidez y maleabilidad mental, ya que nos movemos y reaccionamos libremente desde nuestros esquemas básicos de pensamiento y personalidad sin miedo y siendo capaces de asumir con responsabilidad las consecuencias de nuestras acciones, por lo cual no es necesario la puesta en marcha de respuestas automáticas faltas de matices que acaban derivando en rigidez y oposición manifiesta a través de la carga emocional positiva o negativa (apego o rechazo), respuestas automáticas que acaban manifestándose por tanto en la circularidad o generación de bucles emocionales y cognitivos de los que ya hemos hablado, faltos de matices eficientes para dar solución a las nuevas y siempre distintas situaciones, ya que en este punto el único límite a la respuesta que generamos parte del propio centro, es decir de un solo punto alrededor del cual nos movemos, y no de todo un camino o estrategia prefijada. En este punto la estrategia es la falta de estrategia, pero si existen una serie de pautas que derivan en el modo de analizar y procesar la información, tratándola con atención, con relajación derivada de la seguridad y perdida de miedo, con originalidad, sin premura dejando que dicha situación así como la información que nos aporta nos empape y llene nuestras percepciones absorbiéndola, pero sin dotarla de una carga emocional que pueda limitarnos y mediar nuestro procesamiento, para luego dar una respuesta acorde con las estructuras que deben dar dicha respuesta, ya que además hemos colocado la percepción de dichas situaciones sobre las estructuras sobre las que debe descansar y siempre generando una respuesta que incluya la propia situación a la que nos vemos sometida al envolverla.

Esto traducido a términos psicológicos nos habla de la puesta en marcha de estrategias de afrontamiento basadas en la situación y análisis de la situación, siendo capaces de tratar cada situación como una situación única que ha de poner por tanto en marcha soluciones originales y únicas, lo cual se deriva en una perdida de rigidez cognitiva, así como de maleabilidad cognitiva y de necesidad de recurrir a otros o a soluciones de libro, siendo capaces en estos nuevos estilos de afrontamiento, de mostrar unas cogniciones, emocionalidad y respuestas equilibradas y adaptativas a la situación contextual en la que nos vemos inmersos.

Para finalizar con este punto, de lo que aquí hablamos es de la puesta en marcha de todas las pautas vista en la relación con los otros, de tal modo que dicha relación vaya dotada de flexibilidad y adaptabilidad por nuestra parte, derivada de la capacidad de análisis de las situaciones, que hace innecesaria la puesta en marcha de estrategias rígidas que suelen derivar de la incapacidad de análisis de dichas situaciones y por tanto del miedo que la no comprensión de dichas situaciones generan.

De modo genérico, señalaremos también, que estas nuevas estrategias, implican una mayor tolerancia a la frustración (debido a esa adaptabilidad y puesta en marcha de nuevas estrategias), como de una menor agresividad en los estilos de afrontamiento tanto personales como relacionales, debido a la incompatibilidad de la emisión de respuestas agresivas con la emisión de respuestas bien adaptadas al procesamiento de la información así como mediadas por pautas como la relajación, la absorción, la falta de rigidez, la seguridad, la continuidad y la no ruptura.

RESUMEN

La práctica del Tai Chi y Qi Qong repercute positivamente en todos los niveles de respuesta del ser humano; esto es, en el nivel de la conducta manifiesta y físico, en el fisiológico-emocional, y en el cognitivo.

Permitiéndonos simplificar mucho la cuestión, diremos que la práctica de este arte influye de modo directo en tres aspectos del ser humano, que a su vez de modo más o menos directo intervendrán como prevención, y mejora de ciertos trastornos que a menudo forman parte de la psique humana. (Depresión, ansiedad, estrés, mejorando la atención, procesamiento de la información, memoria, aprendizaje, estrategias de afrontamiento, procesos de solución de problemas y de análisis de las situaciones, exceso de rigidez mental, flexibilidad cognitiva y emocional, así como adaptabilidad en todos los niveles a las más diversas situaciones; la mezcla de estos problemas y estos déficits, están detrás de gran parte de las patologías más comunes a nivel psicológico en nuestra sociedad).

Estos tres niveles son el entrenamiento atencional, la adquisición de herramientas para la autogestión cognitiva y emocional, y la adquisición de herramientas y estrategias para la resolución de problemas y nuevos estilos de afrontamiento. Respecto al entrenamiento atencional, señalaremos que la práctica de este arte entrena dicho proceso, produciéndose por tanto una gimnasia mental que mejora los procesos de aprendizaje, así como los inmersos en el mismo, como comprensión, almacenamiento, procesamiento de la información y recuperación de la misma. (Esto conllevará entre otras cosas una mejora en las estrategias de solución de problemas). Del mismo modo previene y ralentiza procesos degenerativos del sistema nervioso central como alzheimer.

Con el trabajo atencional se produce también un reconocimiento de los esquemas básicos de comportamiento y pensamiento, incluyendo en estos los pensamientos irracionales, lo cual permite corregir los errores de interpretación y procesamiento de la información, a la vez que se va desarrollando el proceso de desidentificación con dichos pensamientos y emociones derivados, desligándolos por tanto del autoconcepto de la persona, objetivándolos y cosificándolos, lo cual les quita la carga emocional derivada de la incorporación de los mismos a nuestra identidad, permitiendo que adquieran el valor objetivo que tienen, y por tanto haciéndolos susceptibles de modificación y sustitución; es decir, se produce una flexibilización de lo esquemas mentales y de las pautas comportamentales, lo cual los hace más adaptativos a las situaciones cambiantes que vivimos.

Todo el proceso anterior, así como la saliencia de la información positiva proveniente de nuestro propio cuerpo, deriva en una mejora de la autoestima y por tanto de la confianza de la persona, previniendo y mejorando estados y patologías que cursen con depresión.

Respecto a las estrategias de gestión autónoma de emociones y cogniciones, lo primero que se desarrolla es la herramienta de relajación, pero no una relajación que lleva al sopor, sino una relajación acompañada de una sensación de estar muy despierto y atento. Esta relajación consciente, protege frente a los trastornos de ansiedad y estrés a la vez que nos permite ser eficientes en nuestra labor al mantenernos frescos. Se adopta la relajación como método de dispersión de la tensión excesiva, así como se reconocen las estructuras emocionales y cognitivas que deben soportar dichas tensiones, liberando las otras; se traduce en una gestión eficaz de los recursos cognitivos y emocionales.

Existen muchas otras herramientas que van confiriendo una seguridad o un centramiento que dan estabilidad a los procesos emocionales y cognitivos, que lejos de traducirse en una rigidez en este sentido, se traduce en una menor maleabilidad, un mayor criterio propio, y sobre todo una mayor coherencia con uno mismo, lo cual disminuye el conflicto cognitivo y emocional interno al cual estamos en gran medida acostumbrados.

Se desarrolla también la paciencia y la demora de la recompensa, lo cual se traduce en una mayor tolerancia a la frustración e inclusive al dolor, sea este físico o psicológico-emocional.

Como queda evidente dentro de las herramientas de autogestión emocional y cognitiva están ya estrategias de solución de problemas y estilos de afrontamiento; sin embargo respecto a este punto señalaremos el desarrollo de dicha paciencia y relajación que nos lleva a atender a todos los aspectos de las situaciones que vivimos con una seguridad que nos permite atrevernos a absorver y por tanto atender a todos los aspectos de la situación que vivimos, procesando la información que obtenemos desligándola de nuestra identidad y por tanto evitando interpretaciones viciadas por cargas emocionales de nuestros esquemas básicos de pensamiento y comportamiento ahora flexibilizados, que nos distraigan de los aspectos fundamentales de la situación y dedicando el tiempo necesario para este proceso, pero desarrollándolo con continuidad y con una gestión eficiente de nuestros recursos que nos lleva a unas respuestas originales, únicas y sobre todo adaptadas a las situaciones concretas que dado el marco de procesamiento y resolución de problemas en el que nos encontramos, llevará a soluciones y estilos de afrontamiento carentes de agresividad contra otros o contra uno mismo en cualquiera de sus facetas.

Con todo lo dicho hasta el momento, se entiende que este arte como otras similares sean a menudo entendidas o llamadas estilos de vida, ya que poco a poco y a través de la maravillosa herramienta de la generalización, va llevando pautas que son inicialmente físicas a otros niveles y aspectos del ser humano, estructurando poco a poco un modo de afrontar el mundo en este caso desde la flexibilidad y la adaptabilidad que le hace (al hombre) funcionalmente más apto, previniéndole así contra multitud de males que hoy en día aturden y apabullan a nuestra acelerada sociedad.

Los viejos saberes para los nuevos tiempos, y sobre todo un poco de tiempo para el hombre.

Abel Alamillo Gordo Psicólogo colegiado M-21585 Entrenador Nacional Nivel I en Hun Yuan Neigong por la Real Federación Española de Lucha y Disciplinas Asociadas. (Federación dependiente del Consejo Superior de Deportes) Profesor Nivel I en Hun Yuan Tai Ji Quan y Qi Gong por la Fundación Hun Yuan, representante en España de la Hunyuan Tai Chi Institute of China (Sede Central en Beijing del Hun Yuan Tai Chi y Hun Yuan Qi Gong).



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Comentarios



2012-07-25 19:09:56

Tengo una pequeña duda, o iquietud. Cuando se habla de evitar la identificación con los pensamientos, percepciones, tendencias de atención, etc... de alguna manera sería como 'no culparse' por pensar de esa manera, atribuir nuestra tendencia mental a una 'costumbre' creada por el aprendizaje, que se sale de nuestra voluntad. Ver cada pensamiento como un fenómeno, no como algo sustancial que nos pertenece.



Ésto me parece muy bien. Sin embargo, el malestar que esos pensamientos producen, no se si está relacionado con el hecho de identificarnos con ese proceso mental, o con identificarnos con el contenido que éstos pensamientos conllevan. Por ejemplo, Imaginemos que tiendo a pensar que soy feo, tiendo a verme en el espejo y fijar mi atención en aspectos que me desagradan de mi físico, etc... ¿El sufrimiento viene de identificarse con esa tendencia a despreciarse, o de identificarse directamente con lo feo que estoy percibiendo?, es decir, con el contenido de esos pensamientos.



Si alguien me dice que soy feo, aunque no me identifique como 'pensador' de ello, me afecta el contenido, me identifico como feo, no como el que me percibe como tal.



Al fin y al cabo el identificarse con la manera de pensar solo puede ocurrir con una mínima introspección. Y se supone que esa introspección es la que puede hacernos frenar ese sufrimiento.



Tengo un lío de conceptos. La pregunta es. ¿El ego es el proceso de identificación con nuestros pensamientos (más bien los pensamientos que pensamos, sin que sean nuestros), o con aquello de éstos que tiene que ver con nosotros?





Alguien que se siente inútil no sufre por identificarse con el hecho de sentirlo, si no por identificarse como alguien inútil. Por ello no se suele decir a si mismo 'siempre pienso que soy un inutil', si no que se dice 'soy un inútil'.



2012-08-29 02:27:21

Estimado amigo, perdona mi tardanza en responderte pero no sabía que ya se había aprobado el artículo. Primero comentarte que aunque la base es la psicología, es un ensayo y me permito ciertos saltos que no puedo justificar de modo plenamente científico. También decirte que tengo recién terminada una revisión de este artículo mucho mejor organizada por elementos y ampliada en ciertos aspectos al tener que defender una tesina sobre este tema ante el consejo superior de deportes, en la federación de luchas olímpicas.



Respecto a tu primera cuestión; En psicología se habla de dos elementos; autoconcepto y autoestima. El autoconcepto es la imagen que yo tengo de mi mismo, no olvidemos que las imágenes de nosotros mismos no solo son visuales, incluyen todas las modalidades sensoriales, y además incluirían palabras o conceptos. El siguiente elemento es la autoestima, que es la valoración positiva de ese autoconcepto. Por tanto ser feo pertenece a mi autoconcepto, sentirme mal por ser feo es parte de mi evaluación de ese elemento de mi autoconcepto.

Hace años me enseño un experto en mundo clásico que en la fealdad hay belleza, y que por tanto seres como los silenos, un poco monstruosos, en su monstruosidad eran bellos. Es decir, una cosa son los conceptos y otra la valoración o evaluación SUBJETIVA que hacemos de ellos.

Al identificarte pierdes distancia tanto del concepto como de la carga emocional que conlleva, al desidentificarte, sobre todo generas espacio, lo cual ante todo te permite parar toda una serie de elementos que se desencadenan de modo automático en tu mente. De modo automático y no necesariamente consciente, al generar un pensamiento este siempre va asociado a una valoración emocional que en parte surge del sistema límbico, y ambos, emoción y concepto o idea van a activar automáticamente un montón de conceptos, ideas y emociones similares con las que están asociadas, reforzando de modo automático la idea y sobre todo el como nos hace sentir la idea. Al distanciarte del primer elemento, para lo cual lo primero que hay que hacer es entrenarse en darnos cuenta que aparece con lo que los psicólogos llamamos registros, podemos comenzar a detener la activación de ideas y emociones asociadas que se derivan y que hace que el peso del pensamiento y la emoción sean muy muy fuertes.



Dicho de otro modo, al pensarte feo, aunque digas pienso que soy... te valoras negativamente y te sientes mal. Puede incluso ser verdad que objetivametnte seas feo, pero con un trabajo arduo puedes modificar la valoración subjetiva que haces de ese elemento valorando que importancia tiene esto en la base de tus esquemas valorativos. Esto que suena muy fácil, es en realidad un lentísimo proceso dónde la información que tenemos que modificar no se encuentra en el ámbito consciente de tu mente, sino en el ámbito automático y emocional de la misma, sistema límbico y anexos, y en este la información se modifica mediante un millón de rectificaciones conscientes que vayan modificando la esencia que se destila y se guarda allí para un análisis rápidísimo de la información. ten en cuenta que todo, todo lo que surge en tu conciencia a pasado antes por el sistema límbico, y sólo surge a tu conciencia porque tu sistema límbico lo ha dotado de una carga emocional positiva o negativa y por tanto nunca llega nada a tu mente sin prejuicio o juicio de valor. Y como te he dicho cambiar este juicio e valor implica el proceso inverso, que necesita muchísimas exposiciones cambiando la carga de la valoración desde lo cognitivo para que poco a poco permee lo emocional.



El ego, según la corriente filosófica te lo van a definir de un modo u otro, pero eliminamos por lo menos el ego freudiano. si quieres yo uso aquí ego como autoconcepto más autoestima.



Pero te corrijo, aquello con lo que te identificas no es necesariamente consciente. Todos tenemos unos esquemas básicos de conducta, guiados a menudo por lo que la psicología llama ideas irracionales, y son grandes conjuntos de ideas que tiñen toda nuestra realidad, y de las que a pesar de su poder no somos conscientes, sino por sus efectos y poco a poco yendo hacia atrás.



La mente por propia supervivencia se identifica, con multitud de elementos, y el trabajo introspectivo trata de descubrir con qué se identifica, ver la bondad de dicha identificación que en algún momento de tu historia de aprendizaje se desarrollo, y si a día de hoy no tiene sentido o no te aporta dicha identificación, ir trabajando para modificarla.



Por último y como verás, para poder uno poco a poco cambiar el sentirse como un inútil, tiene que observar sus ideas irracionales del tipo "todo me sale mal", ver como esas ideas tiñen, toda su realidad, ver que él piensa que es un inútil pero que su experiencia le demuestra que no todo lo sale mal, y muy poco a poco cambiar esa idea automática.



Lo que más nos cuesta entender es que gran parte de los pensamientos e ideas que guían nuestra conducta se producen por debajo de la luz de la conciencia y todo esto se trata de verlos para comprenderlos y si hace falta ponerlos en duda y cambiarlos.



saludos y espero haberte aclarado algo.



Abel Alamillo.



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