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En busca de un indicador de la armonía
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Manuel B. Acevedo Pérez
Filosofía

Éste trata de ser un análisis de uno de los conceptos más usados y a la vez más polémicos por su ambigua interpretación; se trata del término Sostenibilidad.


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Es éste un término que, no por muy analizado llegará a ser comprendido y aceptado de manera amplia por todo el mundo, porque esconde tanta ambigüedad en sí que ,difícilmente permite un acercamiento de posturas entre las distintas partes que habitualmente se enfrentan a su evaluación. Sin embargo, yo quisiera hacer un acercamiento al origen de la necesidad de utilizar un término como sostenibilidad.

Las evidencias científicas de que el planeta no iba a ser capaz de mantener unas tasas de crecimiento demográfico, de explotación de recursos y de producción de desechos y contaminantes llevaron a la comunidad mundial a la necesidad de encontrar una solución para que este proceso, si no se detuviera, al menos se ralentizara en el tiempo lo suficiente como para permitir al planeta “adaptarse” a unos ritmos más próximos a los que rigen en él. A estas actuaciones había que unificarlas bajo un concepto, y se eligió sostenibilidad.

En el origen de todas las evidencias que han llevado a descubrir que este proceso de desequilibrio estaba llevándose a cabo en el planeta siempre encontramos a los mismos actores: Los científicos. Efectivamente. No son los hombres de negocio, ni los empresarios, ni los gobernantes, ni los políticos, aunque hayan sido ellos los que han hecho valer su posición para manifestar el problema (y, reconozcámoslo, casi siempre sean los que paguen a los científicos).Es la Ciencia, en definitiva, la que da la voz de alarma.

Pues bien, pongámonos a arañar un poco más en el origen del proceso: ¿Cuáles son los principios por los que se rige toda ciencia? Evidentemente son las Leyes Científicas, en muchos casos aún como Hipótesis, dada la dificultad de poder refutar la certeza de las mismas sin posibilidad de error, o incluso como Teorías, si su enunciación está relativamente próxima en el tiempo (o nadie se ha puesto a intentar demostrarlas). No importa la disciplina científica a la que nos estemos refiriendo; sea Geología, Bioquímica, Ecología, Sociología o, incluso Economía, en todas ellas rigen unos principios comunes. Si nos ponemos a pensar en cuáles son estos principios, descubriremos pronto que todas confluyen en algo común: La materia y la energía. Y todas, en definitiva, son prisioneras de los principios que gobiernan a estos elementos fundamentales del Universo.



Pues bien, llegados a este punto, cabría preguntarse ¿Cuáles son estos principios? , pues, conociéndolos no podríamos equivocarnos en ningún análisis posterior, ya que habríamos llegado al origen de cualquier problema que pudiéramos plantear dentro del campo de lo conocido. (No debemos olvidar nunca que estamos hablando de Ciencia, con mayúsculas).

Cualquier lego en la materia (y aún no siéndolo) podría pensar que estamos ante un reto difícil de alcanzar dada la complejidad de los fenómenos cuánticos que operan tanto en la materia como en la energía. Sin embargo, como tantas veces en la historia del pensamiento humano (y aún más en la del Universo) la simplicidad, que es a veces lo más difícil de ver, es la mejor solución.

Esta deducción nos lleva a encontrar un único objetivo o fin por el que se rija todo aquello que conocemos y ese objetivo es, según mi opinión, la Estabilidad en el tiempo.

Quizá alguien se cuestione , llegado a este punto: ¡Vaya simpleza!, pero si intenta comprender por qué ocurren ( naturalmente, en último término ) cualquiera de las manifestaciones que ,teniendo como origen cualquier tipo de materia o energía , pueda imaginar, desde un átomo hasta la evolución biológica, pasando por los procesos geológicos , la política, la economía de mercado o la búsqueda del fin último de cada ser humano, descubrirá que al final lo que está en el origen es una “búsqueda”(obviamente no siempre consciente) de Estabilidad en el tiempo. Estabilidad entendida como Equilibrio, es decir “estado de un cuerpo cuando fuerzas encontradas que obran en él se compensan”, como muy bien define nuestro Diccionario de la Real Academia de la Lengua.

Así, por ejemplo, una montaña se deshace con el paso del tiempo y acaba siendo arena en el fondo de un océano que, evidentemente, es más estable. Un átomo al que le falta un electrón en su última capa tratará de atraer hacia sí un electrón porque es más estable en el tiempo. Una empresa que genera pérdidas buscará de cualquier forma las ganancias para ser estable en el tiempo. Todo aquello que es inestable tiene más probabilidades de desaparecer que lo que es más estable. La búsqueda de comida de un lince cada día tiene ese mismo objetivo; con la barriga llena será estable durante un período de tiempo de un día, siempre que no aparezca otro lince para echarlo del territorio, con lo que tendrá que irse a un lugar en el que su existencia sea estable o tendrá que pelearse con el otro para echarlo de su territorio y seguir disfrutando de la estabilidad que le proporciona la barriga llena.

Así, reproduciendo al mismo Ovidio o al genial Einstein, podremos expresar:”omnia mutantur, nihil interit: todo cambia, nada perece”, o “la materia se transforma, no desaparece” pero habremos de apostillar : Sí, pero en la dirección en la que existe más Estabilidad.

Llegados a este punto y teniendo como origen la conveniencia del término que “sostiene” todo este ejercicio de elucubración fundamentada, podemos llegar a la conclusión de que el término Estabilidad, entendido como expresión de Equilibrio, es un término más acertado que Sostenibilidad, ya que responde mejor a las exigencias planteadas a raíz de los desequilibrios y que llevaron a la búsqueda inicial de soluciones para un problema global.

Pero es, precisamente, esta perspectiva global que se halla en el comienzo de la constatación de nuestro problema la que nunca hemos de perder para aplicar dicho término. No podremos hablar de estabilidad local si con ello generamos desequilibrio al sistema global, que es el que realmente nos interesa mantener para tener estabilidad en el tiempo. Asimismo, el término Estabilidad aporta la ventaja diferencial de poder ser más fácilmente medido y por lo tanto de servir de indicador para ver cuándo nos estamos desviando del objetivo último.

Por poner un ejemplo, la Economía clásica no puede, a estas alturas de la civilización actual, seguir sin descubrir una operación matemática tan simple como la resta. No todo suma. Es necesario restar (las “externalidades”) al sistema lo que se le quita para hacer la cuenta final y que el estado del mismo sea más equilibrado y estable que antes. De otra manera algunos nos tendremos que esforzar durante toda la vida en ir recogiendo los números que la Economía no resta de la cuenta general. Y, claro está, cuando se manejan sólo datos que restan da la impresión de que se es “muy negativo”. Pero no es esa la realidad; los que hacemos esa tarea (ecologistas, ambientólogos, movimientos sociales,…) somos buscadores de estabilidad. De la misma manera que cuando las grandes compañías y bancos presentan sus balances, no es que sean muy positivos al expresar que todo crece a muy buen ritmo, muy al contrario son simplemente expresiones de una gran desestabilidad del sistema.

Con todo esto no quisiera más que, lejos de abundar en las polémicas sobre un término tan ambiguo, aportar un rayito de luz que pudiera hacer más efectiva y eficiente nuestra búsqueda de soluciones a un problema como el que se nos plantea en un mundo actual en período de crisis.

Manuel B. Acevedo Pérez Abril 2006



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Comentarios



2012-09-26 22:37:07

Muy interesante ¿no vas a proponerlo para su publicación?



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