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En contra de la viviseccion (tortura de los animales)
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Medicina, Subjetividad, Filosofía

http://www.ultimoreducto.com/revista/inv6_2/contra_la_viviseccion.htm

"Las mentes más profundas de todos los tiempos han sentido compasión por los animales." --Friedrich Nietzsche


Eduard Diógene, farmacéutico del Hospital Universitario catalán de la Vall d'Hebró, nos advierte: "Los estudios toxicológicos con animales de experimentación son pruebas legales de obligado cumplimiento en todos los países, a pesar de que no pueden hacerse extrapolaciones directas a los humanos porque su valor predictivo es muy bajo. Por ejemplo, la prueba DL50 es inútil." Carl Jung también observó que durante su educación médica en la Universidad de Basilea encontró la vivisección horriblemente bárbara y, sobre todo, innecesaria.


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Escribía el presidente de la Liga Internacional de Médicos por la Abolición de la Vivisección, Dr. Vernon Coleman: "Hace muchos años que me opongo a la vivisección; no sólo porque es increíblemente bárbara e imperdonablemente cruel, sino también porque resulta inútil, estéril, inadecuada, carente de resultados formativos y peligrosamente engañosa."

Pero infligir dolor a los animales es una costumbre milenaria. Desde tiempos inmemoriales, algunos pueblos gusta de sacrificar reses de la manera más horrenda y dolorosa; les abren la garganta con un cuchillo y luego esperan a que en medio de espantosos sufrimientos mueran desangrándose. En la actualidad hay, aparte de esos modos 'rituales' de matanza, otros grupos de amantes del derramamiento de sangre, como los fanáticos de las peleas de perros, algunos cazadores y los que disfrutan con las corridas de toros.

Las religiones también han tenido un papel activo en lo que respecta al trato para con los animales y la vivisección. Con el puritanismo religioso de diversos cultos de no profanar cadáveres, ni siquiera los de indeseables delincuentes y asesinos, se prohibió la experimentación con estos cuerpos y se favoreció en cambio la experimentación con animales vivos, muchísimo menos fiable que aquélla, contra lo que pudiera parecer.

Por el contrario, las creencias reencarnacionistas de ciertas religiones han hecho que sus prosélitos amen a los animales como si fueran casi un alter ego, porque cuando ven una rata o un pájaro saben que puede tratarse de la reencarnación de algún ser querido muerto o simplemente de una buena persona. Los hombres de la Iglesia han estado, por su parte, divididos en dos posturas: los que decían que los animales también eran criaturas de Dios (con San Francisco como ejemplo máximo), y los antropocentristas que se creían con derecho a tratarlos como objetos ya que la especie humana es la Reina de la Creación y los animales no tienen alma.



Idéntica es la incoherencia de los argumentos que los defensores de la vivisección esgrimen. Nos dicen que los animales en realidad no sufren porque carecen de sensibilidad, que son como las máquinas, y a la vez nos dicen que estos experimentos sirven para extraer a partir de las reacciones de su sistema nervioso conclusiones aplicables al sistema nervioso de humano. Con esto, no sólo están admitiendo que sí tienen sensibilidad, sino que además van más allá y quieren hacernos creer que todas las especies son iguales, y que lo que es válido para una también lo es para las demás.

Las teorías en las que pretenden ampararse los vivisectores según las cuales los animales no tienen inteligencia ni sentimientos caen por sí solas. De hecho, incluso la experimentación misma con animales ha derribado sus mitos. De las pocas cosas que se ha podido sacar en limpio con esta práctica criminal, es que algunos animales, antes de verse sometidos al enorme dolor que les causan con estas pruebas, prefieren suicidarse si se les presenta la ocasión. Así como también ha quedado demostrado que es posible morir únicamente de dolor. Y, tal como dice Joaquín Bochaca en su magistral obra sobre la experimentación y maltrato a los animales La vivisección; crimen inútil (Ediciones Nothung): "Precisamente la excusa de los vivisectores para justificar su conducta hacia los animales consiste en proclamar que éstos no tienen sensibilidad ni inteligencia. Si tales vivisectores y sus apólogos tuvieran algo, no ya de sensibilidad e inteligencia, sino simplemente de sentido común, se darían cumplida cuenta del contrasentido en que incurren cuando, por una parte, comparan las reacciones fisiológicas, psicológicas y nerviosas de los animales con las del hombre, y por otra pretenden que ellos pueden hacer con los animales lo que les plazca porque los animales no sufren." (p. 13)

Por otra parte, cualquier persona que haya disfrutado alguna vez de la compañía de algún animal, sin duda habrá visto infinidad de ejemplos de algo que no tiene otro nombre más que inteligencia. Es más, gracias a la observación, que frente al fracaso de la vivisección ésta sí ha dado grandes frutos, se ha podido constatar que todas las especies, razas e individuos poseen distintos grados de inteligencia. ¿Cabe prueba más irrefutable de que, efectivamente, sí poseen inteligencia?

Asimismo, la propia vivisección ha demolido también el mito de la igualdad. Como dijo el doctor Kenneth Starr, doctor de la Unidad Especial para la investigación y el Tratamiento del Cáncer de Australia: "No es posible aplicar a la especie humana información experimental derivada de la inoculación del cáncer en animales". Pues bien, el cáncer lleva dos siglos de historia torturando incontables millones de animales para demostrar continuamente la inutilidad de ese proceder.

Y como con el cáncer, lo mismo ocurre con las demás enfermedades. Una misma enfermedad puede tener características diferentes en cada especie. Lo que en unas especies produce ciertas reacciones, en otras es inocuo; lo que es mortal para unas, para otras no lo es en absoluto. ¡Incluso se llega al extremo de que lo que cura cierta enfermedad en unas especies, en otras provoca esa misma enfermedad a los individuos sanos! Y muchas veces, aún cuando la vacuna o antídoto sea efectivo contra la enfermedad para la que está destinado, provoca otros males aún peores, los famosos efectos secundarios, cuya magnitud difícilmente puede ser previsible. Y esto sucede no sólo entre las especies, sino también entre las razas de cada una de las especies. Y, ya en menor medida, tampoco los individuos responden igual ante las mismas enfermedades o vacunas. Siempre es emocionante recordar preciosos ejemplos de valor y altruismo a lo largo de la historia europea en que muchos médicos importantes experimentaban sus vacunas en sí mismos.

De esta forma, la vivisección, a lo largo del tiempo, se ha cobrado (aparte de los innumerables millones de animales sacrificados para nada) cientos de miles de vidas humanas por haber sido colocados en el mercado medicamentos que eran efectivos en alguna otra especie animal, pero que resultaron nocivos para la nuestra. El cloramfenicol, el isoproterenol, el paracetamol, la metaqualona, el orabilex, etc., medicamentos que se suponía que curaban enfermedades no necesariamente importantes o dolorosas, han causado, aparte de todas estas muertes, importantes daños y secuelas, presumiblemente heredables, peores que los síntomas de la enfermedad que curaron o no curaron. El profesor Fickentcher, del Instituto Farmacológico de la Universidad de Bonn, dice: "Normalmente, los experimentos en animales no sólo fallan en su intento de contribuir a la seguridad de los fármacos, sino que tienen el efecto contrario."

La vivisección también ha podido cobrarse la vida de otros tantos cientos de miles y millones de humanos de la forma inversa. Vacunas importantísimas estuvieron a punto de perderse y muchas que se habrán perdido o habrá sido retrasado su descubrimiento (como, de facto, sucedió con algo tan elemental como la anestesia) porque, aunque sean efectivas para el ser humano, no lo son para los animales en que se experimentaron. En el caso de la Penicilina, su eficacia se descubrió porque en lugar de probarse en el tipo de ratas habitual para tales experimentos, en las cuales la vacuna no habría sido efectiva, se probó en otro tipo de ratas en que sí dio resultado.



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En la foto, un orangután de Borneo pescando con la ayuda de un palo


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Comentarios



2014-06-01 22:53:44

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