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La Metáfora del Sintonizador
Sobre Borges, Teoría Cuántica y los Universos Paralelos
5.615 visitas desde el 28/10/2011
Oscar Antonio Di Marco
Cosmología, Filosofía, Física

http://personales.ya.com/casanchi/ref/sintonizador01.htm

En cosmología, la ciencia o conjunto de ciencias que estudia las leyes generales que rigen el mundo físico del universo considerado como una unidad, cuando los científicos se refieren al origen del mismo empleando la ilustrativa y conocida metáfora del Big Bang (Gran Explosión) en lo que hoy se acepta como el 'Modelo Estándar' de la cosmolgía, explicativo de la realidad y su estructura, se suele emplear con frecuencia un argumento que suena algo así como:

"… Retrocediendo en el tiempo más allá de esa singularidad, cuando y donde no había tiempo ni espacio alguno. De esa nada surgió el espacio-tiempo, y con el espacio-tiempo vinieron las cosas …"


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La mayoría de las explicaciones al uso nos sugieren que nada había antes del Big Bang , ni tiempo ni espacio, que estas dimensiones se crean en ese momento inicial a partir de la nada absoluta. Así nos lo explica, entre otros, Peter W. Atkins, conocido profesor de química-física en la Universidad de Oxford, miembro de la junta de gobierno del Lincoln College y autor del best-seller La Creación, quien nos dice:

"… Retrocedamos ahora en el tiempo más allá del momento de la creación, a cuando y donde no había tiempo ni espacio alguno. De esa nada surgió el espacio-tiempo, y con el espacio-tiempo vinieron las cosas.

Andando el tiempo apareció también el conocimiento; y el universo, que en un principio no existía, se hizo consciente.

Ahora bien, en el tiempo anterior al tiempo no hay sino extrema simplicidad.

En realidad no hay nada; pero, para comprender la naturaleza de esa nada, la mente necesita alguna clase de apoyatura. Esto quiere decir que hemos de pensar al menos por el momento, sobre algo. Así pues, no más que por el momento, pensaremos en casi nada.

Intentaremos pensar no en el espacio-tiempo en sí mismo, sino en el espacio-tiempo antes de ser espacio-tiempo. Aunque no puedo precisar con exactitud lo que esto significa, trataré de indicar cómo se puede empezar a encararlo. El punto importante a tener en cuenta es que es posible concebir un espacio-tiempo carente de estructura, y que es posible, tras alguna reflexión, formarse una imagen mental de ese estado geométricamente amorfo.

Imaginemos que las entidades que están a punto de estructurarse en el espacio-tiempo y, más tarde, en elementos y elefantes, son como un polvo sin estructura. Ahora bien, en el tiempo del que hablamos no hay espacio-tiempo alguno, sino tan sólo polvo del que se ha de formar el espacio-tiempo. La ausencia de espacio-tiempo, la ausencia de geometría, sólo significa que no se puede decir que tal punto está cerca o lejos de tal otro; ni se puede decir que esto precede o sigue a eso. En esas circunstancias se da un estado amorfo absoluto. Más tarde tendremos que barrer hasta el polvo, pero ésta, como todas las simplicidades , se cuidará de sí misma …"
(La Creación, Biblioteca Científica Salvat, Ed. Salvat Editores S. A. (1987), capítulo 5, pág. 117).

Recalquemos que otros importantes pensadores, al igual que Atkins, arrancan el comienzo del universo conocido a partir de este fenómeno singular que popularmente se conoce como Big Bang, previo al cual no se reconoce la existencia del tiempo ni del espacio, como si todo empezara de cero en ese supuesto inicio de toda historia.

Desde mi punto de vista, el evento conocido como Big Bang es sólo, nada más y nada menos, aquel punto o singularidad espacio-temporal hasta el cual podemos extrapolar con cierta racionalidad hacia el pasado (en realidad, hasta el instante de 10 a la menos 43 segundos, conocido como tiempo de Planck). Con posterioridad a ese inicio, podemos hablar de la aplicación de nuestros conocimientos actuales sobre las leyes naturales, el comportamiento y los movimientos de materia y energía observados en el cosmos, en particular la expansión de los astros, confirmada por el astrónomo Hubble en 1929, y el coherente proceso evolutivo registrado en todas las diferentes manifestaciones del Universo, desde el magma o plasma primigenio, pasandopor átomos y moléculas, hasta los monos, las pulgas, el hombre y las galaxias.

Hoy por hoy, se supone un relativo, precario y casi seguramente transitorio consenso entre los científicos respecto a que el Big Bang es la situación, momento límite o singularidad espacio-temporal previo a la cual nada se puede aseverar a ciencia cierta, ni sobre el tiempo ni sobre el espacio, lo que es algo muy diferente a tener que aceptar que antes de dicho Big Bang nada existía o que nuestro universo surgió de la nada como un milagro inesperado.

Al modo en que en su momento se pensaba que las supernovas o los agujeros negros eran acontecimientos o fenómenos extraños en el cosmos y hasta se dudaba de su existencia, hoy se sabe que se trata de sucesos que ocurren en infinidad de lugares en la inmensidad de todo el universo. Además, también hay especulaciones científicas que nos hablan de numerosos Big Bangs de todos los tamaños, que suceden en la relativa infinitud del espacio, tal como afirman Sean Carroll, profesor asociado de física en la Universidad de Chicago, y la estudiante graduada de la misma universidad, Jennifer Chen, generando nuevos y particulares universos a partir de las crisis gravitacionales en las entrañas de los temibles agujeros negros a través, quizás, de tan insondables como desconocidos, por el momento, agujeros de gusano.

También, desde diferentes disciplinas, otros autores coinciden con estos flamantes criterios. Así, en su libro El Infinito en la palma de la mano, Matthieu Ricard, monje budista de origen francés con formación científica en biología, y Trinh Xuan Thuan, astrofísico de origen vietnamita, nos dicen:

"La noción de comienzo es, sin duda, una preocupación esencial de todas las religiones y de la ciencia. La teoría del Big Bang, según la cual el universo fue creado hace aproximadamente quince mil millones de años, simultáneamente con el tiempo y el espacio, es la que mejor explica el Universo observado. El budismo aborda este problema de una manera muy diferente. Se pregunta, en efecto, si es realmente necesario que exista un comienzo y se interroga sobre la realidad de lo que de esta manera habría cobrado existencia.

El Big Bang de la cosmología, ¿es una explosión primordial o el comienzo de un determinado ciclo en una sucesión sin principio ni final de un número incalculable de universos? ¿Nos permiten nuestros conceptos habituales entender la noción de origen, o de ausencia de origen? ¿Acaso esta noción no refleja nuestra tendencia a cosificar los fenómenos, es decir, a considerarlos cosas dotadas de realidad intrínseca?"
(El Infinito en la palma de la mano, Editorial Urano, (2001), pág.37).

Siguiendo el orden de estos razonamientos o dudas, y coherentemente con lo expuesto anteriormente, creo que se puede definir la 'nada' como la carencia o ausencia absoluta de elementos, en una determinada región tanto del espacio como del tiempo, que puedan interactuar directa o indirectamente con elementos sensibles de nuestro intelecto (nuestro cerebro, el sintonizador).

Dada la importancia de definir lo más correctamente posible nuestra particular interpretación de esta 'nada' espacio-temporal, sobre la que se han escrito inimaginables y diferentes acepciones, permítaseme reiterar e insistir en que no se trata de algo que está vacío de contenido, que no contiene nada, sino más bien se trata de un punto o lugar del espacio-tiempo cuyos elementos constitutivos no interaccionaron en el pasado, ni interaccionan a la fecha con nuestros sentidos ni con nuestros instrumentos, por lo que no forman parte alguna de nuestra 'realidad', la realidad a la que Ud. y yo pertenecemos y, consecuentemente, no participan en nuestros razonamientos ni conocimientos actuales. (Por supuesto se trata siempre de algo transitorio y preñado de potencialidades, en la medida que evoluciona nuestro sintonizador. Seguramente en otros lugares o 'realidades', si se pudiera decir algo así, del 'Todo' esta interacción es un hecho).

Por ejemplo, veamos lo que ocurrió con las radiaciones electromagnéticas, recientemente (en escala astronómica) reconocidas como tales a partir de su descubrimiento y aplicación alrededor del siglo XIX. Sin embargo, estas radiaciones siempre estuvieron allí, como lo están hoy, rodeándonos y, en algunos casos, atravesándonos por todos lados, pero no teníamos la capacidad de elaborar conciencia, consciencia, conocimiento ni reconocimiento de ellas, a excepción, claro está, de la pequeña banda de radiaciones correspondiente al espectro visible.

Obsérvese que el paulatino descubrimiento, comprensión y aplicación de las radiaciones electromagnéticas (ondas de radio, rayos X, infrarrojas, ultravioletas, ionizantes, radar, …) en los siglos XIX y XX implica no sólo el procesamiento mental de conceptos, razonamientos o elucubraciones no existentes hasta ese momento, sino también la incorporación a la 'realidad' de elementos físicos como los electrones, los neutrones y otras cosas nuevas tan concretas como anteriormente lo habían sido la materia, la energía, los tigres de dientes de sable, etc. Y, si se observa cuidadosamente, hasta podemos detectar las sospechas que tenían previamente los pensadores de aquella época, a saber, que el 'vacío' o la 'nada' espacial de esos tiempos contenía uno o varios elusivos componentes que denominaban genéricamente 'éter'. Algo similar nos ocurre en la actualidad con lo que denominamos la 'nada' del 'vacío' cuántico, quizá repleta de elementos subnucleares que desconocemos.

Nuestras actuales sospechas apuntan a una nueva y enigmática clase de materia-energia que llamamos genéricamente 'oscura'. Está por allí, escondida en la inmensidad del 'Todo', pero no hemos conseguido hasta el momento interactuar con ella. Nuestro cerebro-sintonizador, al menos el de prominentes pensadores, lo está intentando.

Este proceso de adquisición y ampliación de la 'realidad' circundante ocurrió y ocurre permanente desde los comienzos de nuestra historia conocida, cuando se formó la relación objeto-sujeto en la naturaleza de nuestro particular universo, conformando la conciencia en los seres vivos hasta la consciencia en los homínidos y humanos, siempre como consecuencia de nuevas interacciones entre el cerebro-sintonizador de la 'realidad' y el medio ambiente, naturaleza circundante o 'Todo' exterior a nosotros.

Entonces, y más allá de una posible interpretación religiosa, cuando hablamos de la 'nada' como posible situación previa al Big Bang, evidentemente estamos en presencia de una simple declaración de ignorancia o de un error, una explicación equivocada y habrá que pensar en una nueva concepción de lo que es la 'nada', tal como propongo más arriba, ya que, por definición, la 'nada' tradicional nada contiene, ni tiempo ni espacio, ni siquiera polvo de ninguna clase. (Aun las fluctuaciones cuánticas requieren que algo fluctúe, sean partículas reales o virtuales, más allá de cualquier juego de palabras, es decir, debemos admitir la existencia de algún tipo de elemento o material, desconocido por el momento, previo a lo que consideramos el inicio o Big Bang de nuestro Universo).



Racionalmente entonces, y sólo para usar lo que algunos consideramos el mejor método que tenemos los seres humanos para interpretar las cosas de la 'realidad', esto es, argumentos fundamentados en la razón lógica y corroborados por los datos empíricos de la experiencia, parece haber únicamente tres estados o situaciones posibles previas al momento del hipotético Big Bang, origen de nuestro conocido Universo:

  1. La estéril y contradictoria 'nada' sobre la que ya hemos dado suficientes argumentos lógicos para descartarla como generadora de 'realidad' alguna.
  2. Que exista solamente algo, lo que parecería incompleto y no encuentro un argumento lógico que lo sustente, a menos que se acepte la validez de una metáfora como la del sintonizador, que se describe más adelante, conformando lo que conocemos como 'realidad', esto es, la fracción que vamos conociendo paulatina, evolutiva y continuamente del 'Todo'.
  3. Finalmente, nos queda la alternativa del 'Todo', tanto lo que podamos como lo que no podamos imaginar hoy en día, que no parece tener contradicciones lógicas y también encuentra justificación en el marco de la metáfora del sintonizador, que la acompaña y complementa desde la perspectiva de la conciencia humana o consciencia.

De las particulares, nuevas (aunque no necesariamente únicas o inéditas) y diferentes relaciones o interacciones entre algunos componentes de este 'Todo' permanente nacieron y nacen, emergieron y emergen, en cada singularidad espacio-temporal conocida como Big Bang, distintos elementos con diferentes características que evolucionaron y evolucionan hacia organismos de complejidad creciente que aprecian el tiempo y el espacio, como nosotros en este nuestro universo.

¿A qué me refiero? ¿De qué está constituído este 'Todo'? ¿Por qué digo que la 'realidad' que percibimos es sólo una parte o fracción de tal 'Todo' permanente? Trataré de explicarme:

En primer lugar, y tras superar la básica duda cartesiana y el éxtasis que, en algunos de nosotros, produce el saber y comprobar que existe 'algo' en lugar de 'nada', cogito ergo sum, entiendo que, aun con las restricciones y limitaciones que impone el lenguaje, se debe intentar definir ciertos elementos que permitan encarar coherentemente, y en consonancia con los datos que nos proporciona la experiencia fáctica, una respuesta a preguntas tales como: ¿Qué es lo que 'existe'? ¿De qué está compuesta la 'realidad'?

Seguramente, la mayoría coincidiremos en que decir que la 'realidad' es lo que es o que las cosas son lo que son es una soberana tautología que no ayuda en absoluto en la tarea de comprender la Naturaleza (definiendo ésta como todo lo que nos rodea, inclusive nosotros mismos y las mutuas relaciones, según las experiencias que nos propone la vida).

Probablemente, también la inmensa mayoría coincidirá en que cada cosa, elemento o individuo tiene una naturaleza propia, singular, única y definida, es decir: Perón era J. D. Perón, el presidente argentino de los primeros años de la década de los cincuenta del siglo pasado; Julio César fue el emperador romano en los años 50 AC; J. F. Kennedy fue el presidente norteamericano asesinado en Dallas, Texas, un día de noviembre de 1963; Adolf Hitler fue el dictador alemán que desató la segunda guerra mundial; la mona Chita era la mona del Tarzán de Edgard Rice Bourroghs; Rin Tin Tin fue el perro generoso y justiciero que todos recordamos de la serie de TV. Análogamente, cada uno de los numerosos homónimos o no de estos personajes, así como cada átomo, cosa, partícula o individuo del universo conocido tuvo, tiene o tendrá su propia, única y particular identidad o entidad en el tiempo y en el espacio.

Bien, según la Teoría Cuántica todo esto puede no ser enteramente cierto (o, al menos, constituir sólo una parcial versión de la naturaleza infinita de las cosas). Veamos. Según el principio de complementariedad (Bohr), hemos de afrontar, entre otras nociones, la dualidad onda/partícula, que sostiene que los elementos subatómicos constitutivos de toda la 'realidad' conocida, incluido nuestro cerebro, pueden ser o comportarse a veces como una partícula y a veces como una onda. Y, como si esta barbaridad no fuera poco, según el principio de incertidumbre (Heisenberg), estos engendros multifacéticos pueden encontrarse en cualquier punto del espacio-tiempo, sin poder establecerse, simultáneamente, su preciso estado de posición y movimiento.

Aceptando la validez de estos principios, y parece que la ciencia lo hace, considerando que cada elemento de la 'realidad' es en última instancia el resultado de una interacción objeto-sujeto y viceversa, como el caso de cualquier experiencia que conforme nuestra conciencia y consciencia, tenemos inexorablemente que admitir que dicha interacción, considerada puntual en el espacio-tiempo tradicional, admite ahora, complementariamente (a la luz de los mencionados principios cuánticos), una interpretación múltiple al tomar a la partícula como una onda, siendo, en esta consideración, una 'multiinteracción'. (Si a estas alturas del razonamiento Ud. comienza a desconfiar del mismo, no se sienta mal ni crea que es el único escéptico. El propio Albert Einstein siempre rechazó estos supuestos ("Dios no juega a los dados", decía), y hasta el día de su muerte intentó refutarlos … infructuosamente).

La Teoría Cuántica, aunque extraña y a veces reñida con el sentido común, es la más exitosa de todos los razonamientos de la ciencia física, y en ella se postula que es posible que no exista una sola 'realidad', sino que pueden existir potencialmente infinitas 'realidades', tantas como elementos, a veces objetos/sujetos, otras sujetos/objetos, que interaccionan.

Según lo informado en el journal on-line Nature el 21 de junio de 2006, el físico Thomas Hertog (CERN, Ginebra), junto a su célebre colega Stephen Hawking, en un intento de evitar la paradoja que significa la inadmisible pérdida de información en los agujeros negros, proponen un dramático cambio de paradigma cuando afirman que " la Mecánica Cuántica prohíbe la existencia de una historia única", que el multiverso puede contener lo que se suponía la información perdida en la catástrofe gravitacional conducente a tales agujeros negros y que el universo no tuvo un único comienzo, sino que pudo haberse iniciado de cualquier forma imaginable o aún inimaginable.

Borges expresa poéticamente estas dudas sobre la entidad e identidad de las cosas, el imposible retorno del tiempo y su relación con la múltiple consciencia de ser en el ensayo Nueva refutación del tiempo, escrito en 1946 e incluido en Otras inquisiciones (1952). También en El jardín de los senderos que bifurcan (1941), a través de sus personajes, nos habla de sus sospechas sobre la potencial multiplicidad de la 'realidad':

"… En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts´ui Pên, opta –simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones en la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts´ui Pên, todos los desenlaces ocurren …"

Más pronto que tarde debo explicitar que, en mi opinión, se puede argumentar la existencia de una naturaleza básica, permanente, que denomino el 'Todo', compuesta por algo así como una clase de 'elemento/onda' indeferenciado o dimensión primordial, como es el caso del 'oscilador o resonador unidimensional' del que hablan las últimas especulaciones fisico-matemáticas (ver también las membranas de la trabajosa pero potencialmente prolífica 'Teoría M', de Edward Witten, ganador de la medalla Fields en 1990 (equivalente al premio Nobel en matemáticas)), del cual o con el cual, por distintos tipos de interacciones entre sí, emergen fenómenos, elementos o dimensiones diferentes, que al evolucionar, surgiendo nuevas interacciones en cada nivel, dan lugar, a su vez, a la aparición (estuve tentado de agregar aquí la palabra 'final', pero me parece exageradamente antrópico) de novedosas características, entre las cuales están aquellos individuos, como nosotros, que tienen propiedades autoconscientes o consciencia. A esa naturaleza básica, permanente, omnipotente, quizás uni o multidimensional, discreta o continua según nuestra apreciación circunstancial, donde no existe propiamente una flecha del tiempo, la llamo el 'Todo'. En palabras del célebre físico americano Richard Phillip Feynman (1918- 1988), Nobel de física en 1965: " the sum of all the stories."
Siempre la intuición de filósofos y poetas ha corrido por delante de la precisión y del conocimiento científico, y el concepto del 'Todo' no es para nada una excepción. Así, Hamlet, el inmortal personaje de la tragedia shakespeariana, dice a su circunstancial interlocutor:

"… There are more things in Heaven and Earth, Horatio,
Than are dreamt of in your philosophy [science] …"
(Hamlet, acto I, escena V).

Sabemos por propia experiencia que existe al menos un universo - el nuestro - formado en la singularidad que conocemos como Big Bang y que evolucionó, entre otras emergencias, hasta uno de esos tipos de fenómenos, con conciencia, consciencia y conocimiento de una parte del 'Todo', que identificamos como el Homo Sapiens Sapiens, ser humano, hombre, en fin, nosotros, los 'sintonizadores' de una parte del 'Todo', quienes, ayudados con la consciencia, conformamos algo que definimos como la 'realidad', siendo, por tanto, aunque quizás sólo en parte, conscientes de ello.

La 'realidad' que conocemos, que percibimos y aceptamos como tal, la 'realidad' del universo físico, es experimentada y reconocida por nosotros a través de varios conductos: vemos algo con nuestros ojos, oímos algo con nuestros oídos, olemos algo con nuestra nariz, tocamos algo con nuestras manos o el roce de nuestra piel; después que estas diferentes señales, interacciones elementales o cadenas de interacciones con el mundo exterior son procesadas en alguna parte y formadas por nuestro cerebro-sintonizador decidimos que hay, conocemos, sentimos o sabemos 'algo'. En síntesis: con ese tipo de experiencias y otras similares vamos conformando la 'realidad'.



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Comentarios



2011-10-28 20:26:31
Estimado Óscar,

He leído con atención tu artículo. Permíteme realizar algunos comentarios.

a) Big Bang. Comparto contigo que esta descripción del origen del Universo es una forma de admitir nuestra (actual) ignorancia. Más precisamente:

1) Las observaciones cosmológicas disponibles constituyen una sólida prueba en favor de la expansión del Universo. Nada más ... ni nada menos. En particular, no sabemos siquiera si el Universo tuvo un principio, menos aún, en caso afirmativo, cómo fue tal suceso. Ello de debe, esencialmente, a que

2) La singularidad espacio-remporal que representa el Big Bang se obtiene extrapolando la Relatividad General, una teoría clásica, hacia instantes de tiempo en los que, según parece, los efectos cuánticos no pueden obviarse a escala cósmica. De hecho, consideraciones semi-clásicas, en ausencia de una teoría completa de la gravitación cuántica, cualquiera su significado, eliminan dicha singularidad "inicial". En otras palabras, el Big Bang, al menos como se conoce hoy, es una extrapolación inherentemente incoherente.



b) Mecánica Cuántica. Creo que conviene matizar algunos aspectos que, desafortunadamente, se infiltran en el dominio público de manera bastante ambigüa.

1) No es cierto que el 'principio de incertidumbre' de Heisemberg establezca la existencia de un objeto en cualquier punto del espacio-tiempo simultáneamente. Estrictamente, la (función de onda en) mecánica cuántica es una superposición de estados, los coeficinetes de cuyos términos están asociados con la probabilidad de obtener un determinado resultado al realizar una medida. El formalismo de la mecánica cuántica per se no dota de carácter ontológico alguno a los términos de tal superposición. En particular, es incorrecto hablar de la existencia de un electrón, digamos, en varios lugares a la vez, como se oye a menudo en obras divulgativas. Cualquier posición que confiera realidad física a los términos de la superposición es una interpretación innecesaria de la mecánica cuántica per se. Sirva como ejemplo real la existencia de las conocidas "trampas cuánticas", que permiten confinar "partículas" cuánticas.

2) La expresión “la Mecánica Cuántica prohíbe la existencia de una historia única”, a la que tantos físicos se han suscrito, es ambigüa, según lo anterior. Esta afirmación, como bien apuntas, se remonta a la "sum over histories/path-integral formulation" (suma sobre todas las historias/formulación de las integrales de camino) de Feynman. Ahora bien, como el propio nombre indica, y el propio Feynman enfatizaba, esta idea es una manera matemática de describir los resultados experimentales observados en los fenómenos cuánticos; ninguna realidad física se atribuye a todas las historias/caminos presentes en esta formulación. Otorgar tal ontología supone añadir hipótesis que no figuran en el marco estricto de la mecánica cuántica.



Un cordial saludo



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