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Las conductas como respuestas de origen mental
Una propuesta de solución al problema mente-cerebro
3.577 visitas desde el 06/08/2012
Sergio Aranda Klein
Psicología, Antropología

La dualidad cartesiana mente-cuerpo y más tarde mente-cerebro no puede ser resuelta sin hallar primero un principio de causalidad que explique la identidad mental en función de un propósito orgánico mucho más amplio que los atribuidos solamente al cerebro y sus partes, aún cuando sus operaciones estén directamente relacionadas con los procesos que generan los efectos mentales.


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El empeño de quienes han tratado de encontrar en el cerebro un órgano o sección que haga las veces de operador independiente, responsable de todos o algunos de los efectos mentales, solo traslada el problema de la dualidad mente-cerebro a un nivel más profundo.

Por nuestra parte creemos, que los procesos cerebrales son todos coadyuvantes en producir los efectos mentales y que no existe por lo tanto un único operador interno capaz de prever ni resolver por si mismo las consecuencias de estos procesos ni su funcionalidad. Por el contrario, creemos que todas las operaciones cerebrales se realizan automáticamente y en ninguna de ellas, por sí sola, está la virtud de la conciencia. Si la interdependencia de procesos define al organismo como un sistema, no puede ser entonces que para dirigirse dependa de un subsistema independiente, sin llevar esta situación a una recurrencia Ad infinitum.

En este contexto, las conductas, en tanto exteriorización del resultado de procesos cerebrales, siguen siendo parte de esos mismos procesos y como tal cumplen con posicionar al organismo para retroalimentarlo de nueva "información". Sabemos que a toda acción conductual le corresponde una respuesta sensible provocada por la nueva disposición sensorial, la cual siempre se orientará en la dirección de la acción. En consecuencia las conductas no son un resultado final, sino un mecanismo de mediación dinámica con el entorno y sus variaciones. (para el organismo el entorno no es más que una condición [orgánica] externa)

Con todo, nuestra argumentación podría no superar la etapa de meras conjeturas, si no atendiésemos a un hecho sumamente relevante: la principal adaptación evolutiva de los seres humanos es su absoluta dependencia del aprendizaje para construir y ejecutar las conductas.



El aprendizaje humano requiere que el individuo se perciba a sí mismo como objeto, dentro del entorno en que desarrolla sus conductas como sujeto. La dualidad sujeto-objeto es inherente entonces al individuo que necesita aprender a reconocerse, en su posicionamiento frente al entorno, para así poder construir y ejecutar sus conductas. No por nada cuando aprendemos algo estamos obligados a percibir reiteradamente nuestros movimientos para recordarlos y ejecutarlos con precisión. En consecuencia la dualidad sujeto-objeto, (o viceversa) no constituye una dicotomía real, sino que es el principio de la retroalimentación que permite memorizarse en función de la relación con los elementos del entorno. El espejo es el objeto que mejor refleja, nunca mejor dicho, la operación de retroalimentación, pues frente a el inevitablemente somos alternadamente sujetos y objetos.

Pues bien, todos los elementos perceptibles susceptibles de ser utilizados tanto para activar conductas como para construir ideas, están contenidos en la memoria adquirida en la forma de redes neuronales, ellos constituyen la materialidad del yo en su forma pasiva. Sin embargo la memoria no es un operador de sí misma, aún cuando sus registros se han configurado de acuerdo al grado de significación orgánica que tienen los elementos perceptibles que la han formado. Por lo tanto, para activar el recuerdo que de origen a una conducta o a la construcción de una idea (combinación de elementos de memoria) debe existir previamente una disposición orgánica que va más allá de la propia memoria, de lo contrario, si no hubiese un principio de causalidad independiente y claramente definido, nada impediría que los recuerdos se activarán aleatoriamente sin orden ni concierto.

Postulamos que los procesos relacionados con la memoria son todos activados por alguna condición de necesidad orgánica, incluso aquellos que en apariencia no denotan mayor actividad conductual como por ejemplo el "pensamiento abstracto", puesto que en ausencia de necesidades orgánicas, incluyendo la de estar en estado de vigilia, el organismo se encontraría en permanente reposo.

Cuando una condición orgánica demande la satisfacción de una necesidad, mediante la emisión de instrucciones (señales químico-eléctricas), el yo pasivo, formado por el contenido de la memoria en las redes neuronales, será activado y traído a tiempo presente en forma tal que permitirá la comparación secuencial de los recuerdos, o fragmentos de ellos, en relación con el tipo de necesidad generada por el requerimiento. Este conjunto de pasos más la eventual construcción de nuevas rutas de memoria (ideas) a partir de la formación de enlaces entre redes neuronales, es lo que llamamos pensar o pensamiento. En consecuencia la acción eminentemente introspectiva y recursiva generada por el pensamiento da paso al efecto del yo conciente, el cual representa la historia de las relaciones del organismo consigo y con el exterior y es por lo tanto la fuente de su identidad.

El pensamiento, como proceso neurológico de interrelación entre diferentes órganos y la memoria adquirida, responde a causales orgánicas estrictamente automáticas. Sin embargo una vez desatada la recursividad en la evaluación, comparación e interconexión del contenido de la memoria (búsquedas), las rutas de memoria activadas (o pre-activadas) provocarán como efecto dinámico (en el tiempo) la aparente emergencia de un yo independiente. Este yo formado por el contenido de la memoria y hecho emerger por el pensamiento puede ser tan simple o complejo como lo sean las particulares redes de memoria de cada individuo. El proceso de pensar o pensamiento al quedar asociado funcionalmente a la figura del yo emergente pareciera ser parte de él, sin embargo solo se trata de un mecanismo activador, el cual mantendrá el ciclo de recurrencia todo el tiempo que sea necesario hasta que se encuentren las rutas de memoria que activen las conductas efectivas a seguir. En consecuencia, estrictamente hablando, lo único “mental” como sinónimo de incorpóreo o etéreo podría ser la figura del yo emergente o conciencia, entendido como una totalidad aparentemente independiente. (el fragmento de la “película” personal activada por el pensamiento)

Ahora bien, la memoria es el conjunto de redes neuronales que se han estructurado sobre la base de otorgar significación “sensible” en términos de sensaciones y gustos a los diferentes elementos perceptibles, luego, toda activación o recuperación de recuerdos ocurre sobre la base de recrear nuevamente, mediante un proceso cerebral y no perceptivo, las reacciones y respuestas originalmente memorizadas. En estas circunstancia el yo de la conciencia, supuestamente etéreo e inmaterial, es en realidad el conjunto de sensaciones y gustos activados por el proceso, nada inocuo, de pensar. La evidencia de la significación orgánica que provoca el proceso de pensar, queda de manifiesto en numerosas conductas activadas en el transcurso de la evaluación del contenido de la memoria. Gestos, movimientos aleatorios, enfoque de la mirada, salivación, euforia, angustia, etc. Todo ello en respuesta al valor de significación de cada ruta de memoria considerada. Cuando se piensa sobre un tema o problema específico siempre se hará desde la perspectiva de los propios recuerdos del yo frente a ese tema, luego no hay nada sobre lo que se piense que carezca de significación orgánica.

El contrapunto generado por el pensamiento en el proceso de conciliar, por una parte, las necesidades y condiciones contextuales presentes, y por la otra, el contenido de la memoria que representa el pasado, inevitablemente confrontará las funciones orgánicas que activan el pensamiento con el contenido pasivo de la memoria y que sin embargo es la fuente de identidad. En estas condiciones la dualidad cuerpo-mente (en ese orden) no es más que un efecto esperable.

Si por ejemplo decimos que tenemos hambre, es evidente que la sensación es presente, pero las palabras, los gestos y toda conducta utilizada para expresarlo corresponden a aprendizajes previos. Probablemente si nunca hubiésemos aprendido nada de nada lloraríamos igual que un bebé, puesto que esa es la respuesta instintiva básica para expresar el hambre.

En consecuencia, cuando nos expresamos sobre cualquier cosa lo hacemos tanto desde las necesidades orgánicas presentes, como desde los recuerdos que nos permiten externalizarlas mediante la ejecución de conductas aprendidas y repetidas muchas veces. Luego, las conductas constituyen el paso que cierra un ciclo y da comienzo inmediatamente al siguiente y desde este punto de vista, nada, excepto la propia conducta, puede ser prueba de ella. (del mismo modo que los latidos del corazón son la única prueba de su funcionamiento)

El pensamiento es un proceso que consta de varios pasos y como tal no está en los órganos sino en el modo que estos se relacionan dinámicamente entre sí. No se puede obtener una imagen estática del pensamiento, del mismo modo que no se lo puede hacer respecto de la velocidad o la energía, en todos estos casos lo perceptible son los efectos. Los efectos perceptibles en el caso del pensamiento son las propias conductas (cuando se intenta medir la inteligencia se evalúan respuestas conductuales, no imágenes estáticas de scanner).

La errada idea de independencia de lo mental respecto de lo orgánico y las conductas propiamente tales, se ha visto reforzada por el hecho de que el organismo activará el pensamiento todo el tiempo que sea necesario hasta que se encuentre o construya una ruta de memoria que satisfaga el requerimiento demandado, o hasta que desista de buscarlo. Ejemplos: una ligera sensación de hambre puede ser suficiente para desatar el pensamiento y por lo tanto la evaluación de muchos recuerdos de comidas; de lugares donde la sirvan; de amigos con los cuales ir, etc. etc. En conclusión, dada la naturaleza de la mecánica del pensamiento no existe razón alguna para suponer sincronía entre el comienzo del proceso de pensar y la activación de las conductas asociadas a las rutas de memoria seleccionadas.

El desfase real entre el pensamiento y finalmente la ejecución de conductas, más el hecho también cierto de que durante el pensamiento podrán evaluarse decenas de rutas de memoria de alternativas distintas, puede llevar al individuo a construir en la memoria la ruta de la pregunta, por ejemplo, sobre si realmente tiene hambre y si tiene que buscar comida, ello, gracias a los recuerdos de sensaciones eventualmente contradictorias entre sí, ¿quién no ha tenido dudas sobre como interpretar una sensación? Resulta entonces que la circunstancia que dispara la característica más importante atribuida a la conciencia, el preguntarse a sí mismo, puede que sea el resultado de evaluar recuerdos insuficientes o contradictorios. Cuando la ruta de memoria a seguir es clara y no hay mejor alternativa, simplemente se actúa (no sabemos de ninguna otra hipótesis o teoría especulativa que siquiera se aproxime a explicar el origen orgánico de la duda).

En resumen, el aprendizaje consiste en memorizarse, en saberse a sí mismo, siendo sujeto y objeto a la vez frente al entorno. Ello da paso a la construcción en la memoria de un individuo virtual constituido por los recuerdos sobre sí mismo, los cuales son recuperados por el pensamiento cuando el organismo requiere encontrar conductas previas que le permitan satisfacer una búsqueda. El desfase temporal entre que se manifiesta una necesidad y son seleccionadas las rutas de memoria a seguir, dará pie a la evaluación introspectiva y a la creación de rutas de memoria "imaginativas".

Como se puede apreciar en estas hipótesis, la memoria juega un rol central fundamental en todo el proceso de relación del organismo con el entorno y consigo mismo. Relegar la memoria a un papel secundario regulado por algún operador cerebral con intencionalidad propia no es consecuente con la evidencia empírica, la cual muestra sin lugar a dudas que nuestros recuerdos son todo lo que somos.

Una explicación mas detallada sobre las hipótesis aquí expuestas y otras relacionadas como por ejemplo, la formación de la memoria, se encuentran en el ensayo publicado en REDcientífica, El origen de la inteligencia.



Sergio Aranda Klein
evolucionhumana@vtr.net
http://www.evolucionhumana.cl
Santiago – Chile
Agosto 2012



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Comentarios



2012-09-18 21:40:34

El pensamiento es autónomo de las necesidades básicas, si bien es precondición una homeostasis que permita esta autonomia a los circuitos mentales. El cambio de paradigma es de sujeto a sujeto, en lugar del positivista sujeto-objeto. Pero el dalismo no es superable, en principio, porque la Experiencia subjetiva es irreductible, excepto en caso limite que competen más a la parapsicologia clinica. Bien, es sólo mi opinión.



2012-09-19 00:05:47

Gracias por el comentario, respondo:



Sería sumamente interesante que ofreciera cualquier argumento que pudiese explicar el origen del pensamiento. Decir que es autónomo no es exactamente argumentar, es solo una tesis.



Por otra parte, cualquier condición de desequilibrio homeostático sea en el nivel que sea desencadena una condición de necesidad. Si esta no puede ser suplida por los propios recursos orgánicos, el sistema activará funciones de búsqueda y una de las principales es el pensamiento. Por el contrario, en una condición de equilibrio homeostático el organismo tenderá al reposo, no al pensamiento.



Es cierto que parece (muy) difícil imaginar al pensamiento sobre cuestiones abstractas o intelectuales en general, como fruto de necesidades básicas. Obviamente la linea no es totalmente directa, sin embargo apreciaría mucho si le echara un vistazo a mi artículo previo, El origen de la inteligencia, allí explico en gran detalle como dedicarse a discutir este tipo de cosas satisface necesidades básicas.



Una vez más agradezco su opinión, y quedo disponible para resolver cualquier duda.



Sergio Aranda



2013-06-08 00:38:18

No estoy de acuerdo con Ud .Los seres somos ENERGÍA.Ya cuando nacemos somos portadores de toda nuestra Unidad de acción.Solamente cuando somos capaces de DETENER totalmente la actividad de nuestra Mente Humana,recién ahí comienza el verdadero aprendizaje.Hasta entonces vivimos con una serie de conocimientos que nos han sido transferidos por padres y maestros,a lo que se ha ido sumando nuestra propia experiencia. En mi modesta opinión Ud. confía demasiado en su profesión.Hay otros caminos y otras fuentes que la mayoría de los seres aún no han explorado ni siquiera se han percatado de su existencia a pesar que está ahí mismo,rodeándonos a perpetuidad. ¿Ha conocido Ud. alguna persona que no sabe ni leer ni escribir, pese a lo cual le dictó a quien sí sabía, una novela completa, poemas, cuentos? Vivimos en un Universo INTELIGENTE. Saque Ud. sus conclusiones.



2013-06-08 00:55:07

Estimado:



Me parece bien que tenga una posición y que la defienda, en lo que a mi respecta, el que afirme que los "seres somos energía" no me dice nada.



Saludos

Sergio Aranda



2013-07-17 01:32:53

Le invito a leer EL HOMBRE,EL COSMOS Y LA UNIDAD,del Dr.Cornelio Gonzalez.



   

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