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Poesía y ciencia
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Lamberto García del Cid
Ciencia, literatura, Filosofía

Los poetas deberían usar la inspiración que otorga la ciencia y al mismo tiempo los científicos deben tender hacia la circunscripción de los que he identificado con los, a falta de mejor término, poetas. (Richard Dawkins)


Con la presente digresión trato de enlazar, de forma entretenida y sin propósito científico, dos actividades que, en un segundo razonamiento quizá no se muestren tan dispares: la poesía y la ciencia.


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S. I. Hakayawa, en su libro Language in Thought and Action proclamó: “¿Con qué símbolos deben los poetas llevarnos a comprender las realidades de nuestro tiempo? Durante las pasadas décadas, nuevas áreas del pensamiento han sido abiertas por la ciencia: electrónica, astrofísica, microbiología, genética, etc. Comunicaciones instantáneas nos traen noticias desconcertantes de remotas partes del mundo. Somos capaces de describir estos fenómenos en el lenguaje de la ciencia, pero ¿cómo podemos llevar estas nuevas realidades al interior de nuestras mentes y nuestro corazón a no ser que los poetas nos proporcionen imágenes con la que experimentarlas?”

De la misma opinión, el poeta José Ángel Valente considera que ha desaparecido la vieja oposición entre ciencia y poesía, construida a base de asignar a la primera el sólido reino de lo que se ve o se toca, de la materia como algo inmediatamente perceptible. Oposición que ha desaparecido no por imperativos de la poesía sino de la ciencia misma, pues es ésta la que ha sustituido la materia sólida por haces de energía, que son puro símbolo. Poesía y ciencia, en opinión de Valente, se encuentran de nuevo como dos grandes sistemas de símbolos que operan de modo complementario sobre la realidad.

Sumemos a las anteriores opiniones la autoridad del egregio poeta cubano José Lezama Lima, quien dijo que no hay poesía sin saber, que la sabiduría no puede estar desligada del conocimiento poético. En Prólogo a una antología (1964) se explicita la raíz de ese conocimiento en el que poesía y ciencia forman un todo inseparable: “...¿qué cosa más importante para un poeta que el conocimiento de su tierra en una dimensión profunda, donde sus intuiciones marchen acompañadas del más riguroso conocimiento científico?”

Si Ezra Pound, refiriéndose a los artistas, dijo que éstos eran la "antena de la raza", tomando prestada la expresión yo afirmo que los poetas son la "antena de la ciencia". Puede que a pesar de los testimonios presentados les resulte extraña, cuando no atrevida, esta afirmación. Trataré de probarles que estoy en lo cierto.



Algunos poetas, como Celso Emilio Ferreiro, reconocen sin ambages su ligazón con la ciencia:



"Creo na Geometría, creo no átomo tan pequeniño".



Incluso el insigne Pessoa manifiesta expresamente esta relación:



"De lo profundo de la inconsciencia del alma sabiamente loca saqué yo mi poesía y ciencia y no poca".



Poseía y ciencia, ciencia y poesía. El poeta, inconscientemente la mayoría de las veces, refleja en sus versos la influencia del estado científico de su tiempo, y en muchos casos lo precede. Shakespeare, por ejemplo, testigo de una época en que la astronomía comenzaba a zafarse de su madrastra la astrología, muestra esta ambigua situación en sus sonetos:



"Not for the stars do I my judgment pluck, And yet methink I have astronomy " (No rigen mi razón las errantes estrellas Y sin embargo creo estar versado en astronomía).



Pero fue a finales del siglo XIX, coincidiendo con los primeros grandes avances de la ciencia, cuando los poetas comenzaron a captar con sus antenas las implicaciones líricas de los descubrimientos científicos, nueva realidad que brotaba del pozo del saber empírico y que imperceptiblemente calaba en su poesía. Esta ligazón u ósmosis gnoseológica se acentúa a medida que los avances científicos se adentran en terrenos llenos de enigmas casi inefables, como la física de nuestros días. Pero no nos adelantemos.

Este detectado vínculo entre poesía y ciencia no impide que algunos poetas, incluso en el siglo XX, añoren en ocasiones universos pre-copernicanos. Como, por ejemplo, Vicente Huidobro: "Dadme una certeza de raíces en horizonte quieto". Dudas parecidas le asaltaron también a nuestro buen Aleixandre:



"Qué inmensamente insegura gira la Tierra".



William Blake, sin embargo, mostró su antipatía hacia la ciencia sin tapujos:



“For Bacon and Newton, sheath’d in dismal steel, their terrors hang Like iron scourges over Albions; Reasoning like vast Serpents infold around my limbs... “ (Porque Bacon y Newton, enfundados en funesto acero, sostienen sus terrores cual azotes de hierro sobre Albiones; Razonando como enormes sierpes se entrelazan por mis miembros...)



También John Keats se quejaba de que Newton hubiera destruido la poesía del arco iris al explicarlo (se refiere al experimento de hacer incidir un haz de luz blanca a través de un prisma, cuyo resultado es el desmadejamiento de los distintos colores del arco iris). Y Emily Dickinson, extravagante poetisa norteamericana, mófase así de la ciencia:



“We shall find the Cube of the Rainbow, Of that, there is no doubt. But the Arc of the lower conjecture Eludes the finding out”. (Podremos hallar el cubo del arco iris, No hay duda de ello. Pero el arco de la mínima conjetura / Elude todo cálculo).



Curioso que sean poetas anglosajones los principales opositores a la ciencia, una ciencia también de raigambres anglosajonas. Pero estos poetas son excepciones, casos de antenas poco receptivas o defectuosas. Pues no faltaron en la época de Newton los entusiastas, como Alexander Pope:



Nature and Nature's laws lay hid in night; God said, "Let Newton be!" and all was light.



(La naturaleza y sus leyes yacen escondidas en la noche;/Dijo Dios, “Sea Newton”, y todo fue luz).



Puede que a ciertos poetas les cueste captar los nuevos avances científicos, y avanzan por ello poco a poco. Así, Vicente Huidobro, tras su rabieta ptolomeica, admite sin ambages la teoría gravitatoria de Newton: "Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote y más larga tu duración en la memoria de la piedra". Incluso se rinde, si bien a regañadientes, a los avances evolucionistas impulsados por Lammarck y Darwin:



"Yo estoy aquí de pie ante vosotros en nombre de una idiota ley proclamadora de la conservación de las especies".



En las postrimerías del siglo XIX comienza la verdadera revolución en física, que llegará a convertirse en la especialidad estrella de la Ciencia. Surgen las primeras leyes de validez universal que cuestionan las que parecían casi perennes de Newton, leyes que no piden disculpas por su arribo, como bien lo captó Walt Whitman:



"The elementary laws never apologize”. (Las leyes elementales nunca piden disculpas).



La experimentación, el contraste de hechos, comienza a ganar terreno. "The exquisite environment of fact" (El exquisito entorno del hecho), que cantó Wallace Stevens, pasa a ser la base empírica de una ciencia que no respeta sino lo verificable. Y en esta "falta de respeto" llegan a socavarse incluso los fundamentos de la geometría euclidiana, tan eterna de aspecto, tan milenaria, sustituyéndola por la geometría curva de Riemann, una geometría que niega, entre otras cosas, las líneas paralelas. Quizás ello fuera lo que dio pie a Francisco Umbral para manifestar, en su magnífico trabajo poético Mortal y rosa, que el universo era una geometría inútil. Los poetas, llevados por las nuevas teorías, y superando incluso a científicos recalcitrantes como Ernst Mach, se instalan en el atomismo. Es el caso de Juan Ramón Jiménez, quien consigue ver lo bello (¿verlo bello?):



"Lo más bello es el átomo último el solo indivisible".



Se impone la teoría de la materia como vacío: los objetos formados por partículas que semejan sistemas solares, los electrones en el papel de planetas orbitando alrededor de un núcleo, y un enorme vacío alrededor:



"Hoy acaricio un vacío".



En los versos anteriores Vicente Aleixandre capta acertadamente con su antena el estado último de la materia, a tenor de la física de su tiempo. Yendo más allá, la afirmación del físico J. S. Bell: "Verdaderamente, incluso no existen las partículas", pudiera haber dado pie a que Carlos Edmundo de Ory llevase ese vacío al extremo: "Estamos solos en el humo del té".

Y llega la primera gran revolución de la física moderna, llega Einstein y la Teoría de la Relatividad. ¿Cómo captaron los poetas estos cambios? La relatividad del tiempo, esta recién descubierta cuarta dimensión, es percibido por T. S. Eliot de la siguiente manera:



"Time present and time past Are both perhaps present in time future And time future contained in time past". (El tiempo presente y el tiempo pasado Presentes están quizás ambos en el tiempo futuro Y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado).



Un galimatías a la altura de la complicada teoría. La particularidad del espacio curvo, característica también de la teoría de la relatividad, es recogida, entre otros, por Jorge Guillén:



"Queda curvo el firmamento, compacto azul, sobre el día".



(en otro verso que sigue, poéticamente expresa que el cielo es "todo bóveda".)



Posteriormente alumbró la teoría que explicaba la creación del universo por medio de una súbita explosión de energía, la teoría del "Gran Pun", más popularmente conocida por la expresión anglosajona "Big Bang". Al principio no fue la luz, como nos han venido mintiendo los exégetas bíblicos, sino los rayos gama, una nube de polvo radiactivo suspendido, como quizás lo previó T. S. Eliot en los siguientes versos:



"Dusk in the air suspended Marks the place where a story ended”. (Polvo en el aire suspendido Marca el lugar donde una historia acaba).



Sólo que aquí no se trata del fin de ninguna historia sino más bien de su comienzo. Y de este universo en expansión, finito pero sin límites (Einstein dixit), extrae Antonio Gamoneda inspiración:



"Nada y luz. Nadie, nadie".



Y también fue la antena poética la que detectó, antes incluso que los científicos, los agujeros negros:



"Cara a lo negro infinito, lo negro inmenso me orienta".



Y lo que a Juan Ramón Jiménez le orienta a Alejandra Pizarnik le fagocita:



"Alguien en mí dormido me come y me bebe".



¿Qué mejor imagen de lo que hacen los agujeros negros con la materia que topan? ¿No comen y beben implacablemente toda la realidad/materia que entra en contacto con ellos?

Pero donde la antena poética se ha mostrado más precursora, y luego más sensible, ha sido con la mecánica cuántica. Lo advirtió ya lejanamente Ezra Pound:



"End fact. Try fiction". (Deja los hechos. Prueba la ficción)



Y ficción es lo que parece la mecánica cuántica. En la física cuántica, advirtámoslo, una partícula es una cosa vaga, informe y fantasmagórica, de la que ni siquiera puede decirse que tenga determinadas propiedades hasta que al medirla se produce el colapso de la función de su paquete de ondas. Todo ello en un instante, el único que revela la realidad:



"The instant, trivial as it is, is all we have". (El instante, trivial como es, es todo lo que hay.



Sí, William Carlos Williams estaba en el secreto. Werner Heisenberg, el científico poeta, hizo célebre su principio de incertidumbre, principio por el cual las variables posición-momento de las partículas no pueden conjugarse; si se conoce la una no puede determinarse la otra. Pues bien, ¿no preconiza un principio de incertidumbre, incluso más extremo, los versos siguientes de Fernando Pessoa?



"El único sentido íntimo de las cosas es que no tienen ningún sentido íntimo".



También preconiza la mecánica cuántica el carácter a la vez corpuscular y ondulatorio de las partículas. Es esta última característica, que adquiere forma de función probabilística, la que se colapsa en el instante en que se produce la medición. Un instante que bien pudiera estar presente en la mente de Wallace Stevens cuando escribió este verso: "The poem of the act of the mind" (El poema de la acción de la mente). Sobre el aspecto ondulatorio de la poesía se extendió Paul Valéry:



Poesía - ¡Mecánica ondulatoria! Es en suma el uso, el hecho de seguir, etc., los acontecimien¬tos, las percepciones, por su onda - Percibir la onda más que el cuerpo, la irradiación engendrada por el paso de la impresión en el medio que está creando. Uso y combinación de los valores de resonancia, de los armónicos y de sus relaciones - en detrimento de los valores de sustitución acabados. [...]



Wallace Stevens y Paul Valéry nos quería comunicar un proceso similar. El poema se troca realidad en el momento (acto) que es captado por la mente. Y es que las partículas a nivel subcuántico necesitan, para poder existir, alguien que las observe. El físico Amit Goswatni asegura que no existe objeto en el espacio sin un sujeto consciente que lo observe. Quizás es lo mismo que tenía en mente Ferlinghetti cuando escribió:



"Los perros son los verdaderos observadores caminando arriba y abajo por el mundo".



Quizás nosotros no existiríamos sin la continua observación canina. O quizás todo sea más complicado y tenga razón Antonio Machado:



"El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve".



Es muy probable que no sea tal la famosa paradoja de Einstein-Podolsky-Rosen, paradoja que preconiza que, de ser ciertas las propiedades de la mecánica cuántica, dos partículas que se generan de la escisión de otra partícula, digamos un protón, permanecen por siempre relacionadas aunque se encuentren en puntos extremos del universo. Cada vez que se mida una de ellas, en ese mismo instante, la otra partícula se manifiesta con el mismo valor pero de signo opuesto. Y quizás no haya que buscar variables ocultas para justificar tal paradoja, como infructuosamente intentó el físico J. S. Bell, quizás la respuesta se halle en el poeta chileno Vicente Huidobro, en un verso donde habla de "Transfusión de sueño y realidad".

Según el prestigioso físico John A. Wheeler, el universo, de algún extraño modo, es un universo participativo. Erwin Schroedinger, premio Nobel de física, yendo más allá, afirmaba que la suma de todas las mentes era igual a uno. Algo similar a lo que Vicente Huidobro debía intuir cuando escribió: "Rotundo como el unipacio y el espaverso".

Versos, sí, versos que describen, mejor incluso que las definiciones científicas, este universo extraño que se ha convenido en denominar "Mecánica Cuántica", verdadero enigma de la realidad, teoría proclamadora de la probabilidad del ser. No es de extrañar la ira de Fernando Pessoa:



"Oh sistema falaz del universo, estrellas nada, soles irreales".



O el lamento de J. A. Valente por esta última realidad perdida:



"Entre mi ser y mi destino, un muro: la imposibilidad feroz de lo posible".



Imposible definir mejor la mecánica cuántica: "la imposibilidad feroz de lo posible". Dentro del marco probabilístico de la física cuántica, sostiene el físico H. Everett que es muy probable que todos los resultados posibles de este universo se realicen cada vez, cada uno de ellos en una versión diferente del universo. Una idea no descartada por prestigiosos físicos, entre ellos el premio Nobel de física Steven Weinberg: "Puede en un sentido u otro existir muchos universos diferentes, cada uno con sus propios valores para la constante cosmológica". Idea apoyada también por B. de Witt, Stephen Hawking y J. A. Wheeler. ¿Y no es esto, precisamente, lo que quiso expresar Wallace Stevens cuando escribió:



"Twenty men crossing a bridge, into a village, Are twenty men crossing twenty bridges, into twenty villages". (Veinte hombres cruzando un puente hacia un poblado, Son veinte hombres cruzando veinte puentes hacia veinte poblados)



Tampoco es ajena la poesía a los avances de la genética, el descubrimiento de la doble hélice que codifica nuestro ADN, y que promete desvelar el mapa del genoma humano. Blanca Varela, la poetisa Venezolana, asume las implicaciones de este avance científico:



Porque ácido ribonucleico somos Pero ácido ribonucleico enamorado siempre



¿Imita la ciencia a la poesía? La antena poética, ya lo hemos visto, logra captar los mínimos movimientos de la ciencia, quizás en mayor medida cuanto más se poetiza la ciencia, como es el caso de la mecánica cuántica, casi una física poética. Y si no, vean cómo definen los físicos actuales las variedades de "quarks" denominadas sabores: arriba, abajo, extraño, encanto, cima y fondo. O la idea tan exquisita de que: "El positrón puede ser considerado como un electrón retrocediendo en el tiempo" (Premio Nobel Feynmann dixit). ¿Qué hay de extraño entonces que e. e. cummings manifestase que "Unbeingdead isn't beingalive" (Noestarmuerto no es estarvivo? También nos advirtió Steven Weinberg que la naturaleza parece a veces más bella que lo estrictamente necesario. Y Einstein utilizaba imágenes como la siguiente: "Una mariposa no es un topo, pero ninguna mariposa debe lamentarlo". ¿No nos hallamos ante imágenes poéticas dignas del mejor versificador? Quizás tuviera razón Epiménides, quien vivió siglos antes de nuestra era, y todo se hubiera formado de Aire y Noche.

Poesía y ciencia, ciencia y poesía. Ambas, poesía y ciencia, requieren para su buena práctica, precisión, gusto por la complejidad y sutileza. Eso es lo que opina el eminente cosmólogo neoyorquino Lee Smolin. Ambos campos confluyen y se relacionan, y pareciera que en nuestro tiempo (tiempo de geometría riemanniana, no se olvide) estas antiguas paralelas converjan en algún punto, un punto muy próximo a la mecánica cuántica, a los quarks y las supercuerdas.

Confiemos en que la antena poética continúe registrando (incluso adelantándose a) los avances científicos, como hasta ahora. Aun cuando estos pudieran no ser muy optimistas:



"Los mundos galopan en órbitas de angustia".



Si Vicente Huidobro resultase profético quizás debamos confiar para nuestra salvación en la Interpretación de los Mundos Múltiples (IMM) anunciada por H. Everett, y que en uno de esos universos paralelos, como vaticinó el bardo de los bardos, Shakespeare, podamos "to live a second life in a second head" (Vivir una segunda vida dentro de una segunda cabeza).





Colofón:

“Una teoría científica que haga época se puede regenerar en la poesía de su tiempo” (R. Jackobson)



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Comentarios



2013-03-09 10:30:15

Poesía y ciencia tienen muchos puntos de encuentro; básicamente la sensación de "maravillarse". ¿Por qué han permancido tan alejados? Afortunadamente poetas como Wislawa szymborska reconcilian ambos mundos.



Y me permito dejar mi propio granito de arena:



Atrapado en un instante

Dicen que existo,

dicen que me muevo, evoluciono,

que cambio, que percibo, que noto,

actúo, provoco, hago.

Pero yo no soy consciente de nada de ello.

Para mi no existe el tiempo,

vivo atrapado en un instante.

No percibo el movimiento, ni el cambio.

No noto nada ni puedo llegar a sentir.

Todo el universo me es ajeno.

Condenado a existir en una realidad

donde solo puedo dar pero tengo prohibido recibir.

¿Qué sentido tiene mi existencia?

Soy el gran portador.

Soy la luz.

Soy... un simple FOTÓN.







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