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Vida y muerte de Man de Camelle
1.414 visitas desde el 10/05/2013
labitacoradehumboldt
Filosofía

http://labitacoradehumboldt.blogspot.com.es/2012/06/las-dos-vidas-y-tres-mu...

Al modo de Diógenes viviendo en su tonel, Man se despojó de absolutamente todo lo que no necesitaba y abandonó el mundo para encontrarse con el planeta. Y, a medida que su barba y su cabello crecían enmarañados por el frío viento Nordés, a medida que se iba despojando de la ropa que llevaba cuando formaba parte de la sociedad, se iba ganando el apodo de “tolo” (loco en galego) entre los vecinos. Con el paso de los años, posiblemente ante las dudas sobre la ligereza a la hora de repartir las calificaciones de locos y cuerdos, se le dejó de llamar “tolo” y se le comenzó a conocer como Man.


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En mayo de 1962, mientras viajaba por España, llegó a la Costa da Morte, y arribó con su mochila a la pequeña población de Camelle – parroquia de Camariñas- que en aquellos días celebraba sus fiestas del Espíritu Santo. No tardó en disfrutar de la hospitalidad de unas personas que le ofrecieron ropa y hospedaje. El joven artista alemán, pese a sus nulos conocimientos de castellano y de galego, se quedó inmediatamente hechizado por aquel rincón del mundo y supo que ese era su sitio, por lo que se afincó en el pueblo del que jamás volvió a salir. Algunos lo recuerdan en aquella época como un joven educado, impecablemente vestido y que asistía asiduamente a misa. Dedicaba sus días a observar y estudiar animales y plantas, en los que basaba sus pinturas y esculturas. Un buen día, cuentan que tras un desengaño amoroso con la maestra de Camelle, se fue a vivir a una chabola junto a la playa, entre las peñas donde rompe el oleaje en pleamar, dando por concluida la vida que hasta entonces había llevado y comenzando otra absolutamente distinta.

Vestido con su eterno taparrabos recorría la costa en busca de los restos que el mar le traía: vértebras de cetáceos, cuadernas de barcos, ramas de otros continentes,… Y con ellos y con las piedras previamente modeladas por las olas, fue construyendo la que a la vez era su casa y su obra de arte. Un laberinto de colores, formas y materiales fueron tomando forma en aquella costa descarnada y solitaria y que fueron formando su universo particular. Seguía una dieta vegetariana y los vecinos recuerdan que sólo fue al médico en una ocasión (tras sufrir la mordedura de un perro al que sólo él podía acariciar). Con una envidiable condición física era frecuente verlo correr por las carreteras cercanas, casi desnudo, incluso en pleno invierno. O nadar desde el puerto de Camelle hasta la próxima playa de Traba para a continuación, volver al espigón. A veces pasaba horas, inmóvil, contemplando el Atlántico que le había atrapado para siempre.

Años después se descubrirían cartas que desvelaban facetas poco conocidas del artista, y que demostraban que aquel introvertido anacoreta mantenía correspondencia con personalidades relevantes de la política internacional a las que instaba a que firmasen la paz mundial. En los ochenta libró una cruzada, utilizando su cuerpo como escudo humano y como única arma, ante las máquinas que pretendían construir un muro de hormigón que ampliase el puerto de Camelle y que sesgaría su costa. Consiguió ganar la batalla, pero también enemistarse con buena parte de los vecinos que comenzaron a llamarlo de nuevo “tolo”.

La segunda muerte de Man comienza cuando se lee su testamento en el que lega 120.000 euros - que nadie sabía que conservaba desde la época en la que se llamaba Manfred- al estado para la conservación de su museo. Este no se hizo cargo de esos fondos y transcurrido el plazo legal, fueron engullidos por Hacienda. Tiempo después, en Camariñas se construiría una Casa de la Cultura con el nombre de "Casa do Alemán", en memoria de Man, un edificio en el que, casi con toda seguridad, él jamás hubiese puesto un pie de seguir vivo. Políticos de todos los colores y raleas bajaron a la choza a hacerse fotos y a asegurar que el legado del artista se protegería como es debido. Se hicieron jornadas sobre el artista de Camelle, se rodaron documentales, se llevaron a cabo ciclos y conferencias de numerosos artistas reconociendo el valor de la obra de Man. Todo ello contrastaba con la total soledad en la que pasó sus últimos días. Y con el abandono en el que estaban sumidos el museo y la casa, que día a día sufrían el zarpazo del expolio y del temporal.

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Comentarios



2013-05-28 16:14:28

Que fantástica historia. La verdad no sabía quién era o es Man de Camelle. Digo ES, por que seguramente sigue existiendo en aquellos que lo conocieron, y en aquellos que lo descubrieron, en su enorme humanidad. Y por supuesto, en la autor de este bellísimo artículo.

Saludos

JOSE LUIS GUZAN



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